Las ruinas de Atenas (o el escándalo de los Juegos Olímpicos 2004)

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Cuatro turistas rumanos dan vueltas desconcertados al edificio del Pabellón Cubierto, uno de los más grandes del mundo en su categoría según presume el Gobierno griego. «¿Por dónde se entra?», me preguntan. No se entra, está cerrado. Estos turistas son de las pocas personas que se atreven a violar la soledad y el silencio del lugar para admirar el faraónico Centro Deportivo Olímpico de Atenas (OAKA), una de las varias sedes que acogieron los Juegos del 2004 y que fue remodelada por el arquitecto español Santiago Calatrava en medio de fuertes polémicas por el retraso y el elevado coste de la obra.
Las instalaciones se oxidan, algunos asientos han desaparecido del complejo de natación y el tiempo y el sol borran lentamente la inscripción Atenas 2004 y los anillos olímpicos de los carteles. Y eso, a pesar de que OAKA es una de las sedes olímpicas que al menos está abierta al público y se utiliza de vez en cuando para competiciones deportivas.
Ocho años después de los Juegos de Atenas, la mayoría de estadios e instalaciones –con la contada excepción de las de fútbol, baloncesto y la de bádminton, que ha sido convertido en teatro– vegetan vacíos tras vallas y guardas de seguridad que impiden el paso al público. Por ejemplo el de vóley playa (¿a quién se le ocurre construir un estadio para un deporte que es tan fácil de jugar al aire libre?): las pistas de arena donde un día las estrellas hicieron las delicias de los espectadores son ahora un desierto en el que crecen pequeñas palmeras y arbustos.

UN MOMENTO BRILLANTE / «Todos recordamos los Juegos como uno de los momentos más brillantes de la historia moderna de Grecia», dice Serafim Kotrotsos, exportavoz del comité organizador de unos JJOO que volvían a su tierra natal. Era el momento de demostrarse un país moderno y de vanguardia.
Y se construyó, vaya si se construyó. Además de los nuevos estadios, se edificó un nuevo aeropuerto (el antiguo aún yace abandonado sin saber qué hacer con él), varias líneas de metro y tranvía, autopistas, carreteras. «Durante los primeros años no hicimos nada, pero después se hizo en tres años lo que deberíamos haber hecho en siete», añade Kotrotsos. Y claro, al construir todo a la vez, los precios se dispararon.
Aún se desconoce el coste de las Olimpiadas en Grecia. La cifra oficial es de 9.000 millones de euros, cuatro veces lo presupuestado, pero el pasado 5 de agosto, 10 parlamentarios pidieron al Gobierno una investigación sobre el coste real. SEGUIR LEYENDO

El gueto de la Villa Olímpica

“Un aspecto clave del diseño de la Villa Olímpica fue asegurar el adecuado servicio a las necesidades de los futuros residentes y su incorporación al entorno cercano, creando un projecto modelo de estructura bioclimática organizada”. Así describe la Villa Olímpica el estudio de arquitectura Takis Gavrilis, encargado del proyecto por 346 millones de euros.

Pero nada más lejos de la realidad. Después de las Olimpiadas, el complejo fue otorgado como viviendas sociales a familias sin recursos y, ocho años después, se haya convertido en un gueto muy lejos del centro de Atenas. Las placas que recuerdan las Olimpiadas están cubiertas de graffiti, las fuentes secas, el piso de las calles se deshace, las casas tienen goteras y grietas y las instalaciones de entrenamiento están en malas condiciones. “Nos dieron las casas, pero luego se olvidaron de nosotros”, critica Jristos Vassilópulos, que dirige la asociación de vecinos.

Una de las promesas del gobierno durante las Olimpiadas fue aumentar las zonas verdes de Atenas. Se plantaron 5 millones de árboles y plantas. Pero los de la villa olímpica se secan pues no se riegan desde 2007. Latas y plásticos se amontonan entre las malas hierbas de lo que antes fueron jardines así que los pastores del cercano monte Parnés a veces se acercan para apacentar a sus ovejas. “Esto antes era como un paraíso y mira en lo que se ha convertido”, se lamenta una vecina.

La principal queja es la falta de servicios. Si durante los JJOO había 30 tiendas para los atletas, ahora sólo hay un par de panaderías, una taberna y dos colmados para una población de 10.000 personas. Los servicios de limpieza pasan rara vez, en la escuela no hay sitio suficiente para todos los alumnos y el suministro eléctrico falla. Testigo por excelencia de la mala planificación, el centro de convenciones –un inmenso edificio de cemento y cristal que cobija 600 despachos y un anfiteatro- guarda la entrada del recinto. Jamás ha sido abierto. La anciana María se desespera: “No tenemos ni papelerías, ni otras tiendas básicas. Aquí no hay nada, así que los chavales se nos van”.

(Publicado en El Periódico en agosto de 2012)

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Una respuesta a Las ruinas de Atenas (o el escándalo de los Juegos Olímpicos 2004)

  1. José Mª Rodriguez dijo:

    Muy interesante el poder comprobar que la mayoría de las “makro construcciones”, no tienen el futuro asegurado, sólo el espúreo presente de lo que duren los juegos.Lamentable comprobar que los políticos que permiten estos derroches, se están convirtiendo en la verdadera plaga del siglo XXI. Buen trabajo, Andrés.

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