HACIA LAS ELECCIONES GRIEGAS: La corrupción, el cáncer de Grecia

En el Índice de Percepción de la Corrupción, Grecia suspende estrepitosamente con una nota de 3,4 sobre 10, y está situada en el puesto 80 de 182, empatada con Colombia, El Salvador, Marruecos, Perú y Tailandia. De acuerdo a Transparency International, si Grecia acabase con la evasión fiscal, recaudaría 10.000 millones de euros más al año, es decir en torno a un 5 % de su PIB.
Andrés Mourenza (Texto y foto)

“La burocracia de este país es impresionante, y también la corrupción. No se pueden hacer negocios. Allá adonde vas tienes que pagar por debajo de la mesa a los funcionarios”, se queja un autónomo retirado que prefiere no revelar su nombre: “No me extraña que los extranjeros no quieran invertir aquí”.

El fakelaki o “sobrecito”, con el que los griegos se refieren a los sobornos, es un término recurrente en los negocios de este país. Tanto que, según un estudio del Banco Mundial, las empresas helenas guardan el 0,2% de su presupuesto para mordidas; el 0,8% en caso de que tengan que concurrir a concursos públicos. “La cultura de la corrupción ayuda a las empresas que están dispuestas a sobornar a las autoridades para conseguir concesiones. El resto quedan forzadas a aceptar su desventaja competitiva, o bien eludir pagar impuestos o explotar a inmigrantes ilegales para mantener su competitividad. Estas empresas, eventualmente, se ven forzadas a sobornar para evitar inspecciones”, explica un informe del Center for the Study of Democracy (CDS) de 2010.

En Grecia la corrupción no sólo afecta a las elites político-empresariales sino que atraviesa toda la sociedad. Según un informe de 2011 Transparency International (TI), uno de cada diez encuestados reconocía haber tenido que pagar a funcionarios o empresas privadas para “agilizar trámites” y se calcula que el pasado año se pagaron unos 554 millones de euros en sobornos. Algunos incluso llegan a enriquecerse con las mordidas, por ejemplo el empleado de un tribunal ateniense había amasado una fortuna de 8 millones de euros y otro del servicio forestal acumuló un millón de euros.

Un caso aparte son los hospitales, donde más número de sobornos se registran. Según el informe, de TI las mordidas en el sector de la Salud van desde los 100 a los 30.000 euros para lograr ser operado inmediatamente o para que a uno le hagan un análisis. Incluso hay quienes se quejan de haber tenido que pagar sobornos a las enfermeras para que les cambiasen las sábanas de una cama de hospital. Yorgos Patulis, presidente de la Asociación de Doctores de Atenas, se defiende alegando que sólo afecta a unos “pocos médicos” y que la culpa es del Estado, “porque durante muchos años no ha llevado a cabo los controles adecuados”.

Pero el propio Ministerio de Sanidad acusa a su vez a los doctores de estar recibiendo sobornos de las compañías farmaceúticas para recetar sus productos o incluso de hacer recetas falsas para que el Estado pague por las medicinas y luego éstas sean revendidas de forma ilegal, un mercado que mueve entre 50 y 200 millones de euros anuales en Grecia. De ahí que los colegios médicos griegos montasen en cólera este año cuando se introdujo la obligatoriedad de recetar medicamentos genéricos y un sistema de seguimiento electrónico de las recetas.

Si en los hospitales griegos la corrupción posee dimensiones patológicas, en los pasillos de Hacienda se refieren a ella con un símil futbolístico: 4-4-2. Este es el sistema con el que se reparte la carga impositiva a los contribuyentes, especialmente empresas, dispuestos a pagar sobornos: reciben un descuento del 40%, otro 40% se lo queda el inspector y el restante 20 % va a las arcas del Estado, según reveló recientemente un ex secretario del Ministerio de Finanzas.

La corrupción tiene un alto coste para el Estado griego. Según TI, en la última década Grecia ha perdido 120.000 millones de euros en esta evasión de impuestos engrasada con sobornos. “Grecia está sufriendo una crisis de valores. Posee las leyese necesarias, pero hace poco por que se resepten. Las leyes son violadas, lo ilegal se legaliza y los compromisos internacionales para luchar contra la corrupción son ignorados”, denuncia el presidente de TI en Grecia, Kostas Bakuris.

Con todo, hay ciertas razones para la esperanza. Con la crisis, el número y el volumen de los sobornos se ha reducido considerablemente respecto a años anteriores y, además, hay una creciente concienciación sobre la corrupción: ahora los ciudadanos griegos consideran que la no expedición de recibos de compra es parte de esa corrupción, en un país donde antes casi nadie los daba. Y las denuncias han aumentado. No pasa una semana sin que algún funcionario, empresario o político sea investigado por presuntos casos de corrupción.

Akis, el corrupto

El informe del CDS de 2010 no deja lugar a dudas: “El Estado griego moderno se ha caracterizado por las borrosas fronteras entre lo público y lo privado, lo que significa que la corrupción ha tomado la forma de una cleptocracia, permitiendo el enriquecimiento de unas pocas familias de oligarcas a expensas de la mayoría de la población”. Akis Tsochatzopulos, siete veces ministro entre 1981 y 2004, es un buen ejemplo de ello.

Aunque fundador del Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok), a Akis, como lo conocen los griegos, nunca le preocupó ocultar su gusto por el lujo. En 2004, cuando se casó en segundas nupcias con Viky Stamatis, empleada de una compañía pública, eligió el lujoso hotel Four Seasons de París, con vistas a la Torre Eiffel. Seis años después, sólo unas semanas más tarde de que su partido aprobase la primera tanda de duras medidas de austeridad, la pareja compró una inmensa mansión en la calle más exclusiva de Atenas, Dionysio Areopagitu, con vistas a la Acrópolis. La factura de ciertos arreglos de la casa, según se sabría luego, ascendía a 525.000 euros y a Stamatis, que declaraba un salario anual de 25.000 euros, no era infrecuente verla en las mejores tiendas de moda de Atenas gastando 7.000 euros en vestidos o 6.000 en ropa interior.

Desde luego, el tren de vida de los Tsojatzopulos no se correspondía con sus sueldos. Desde 2010 Akis comenzó a ser investigado, su partido lo expulsó y el parlamento le retiró la inmunidad. Tirando de los hilos se descubrió que Akis había sido uno de los hombres clave en los suculentos negocios en Grecia de varias multinacionales.

De acuerdo a las investigaciones, aún en curso, Akis recibió en Suiza 21 millones de dólares de una compañía rusa por favorecer la compra del sistema de misiles TOR-M1 y 26 millones de dólares por adquirir submarinos de la alemana Ferrostaal al doble de precio que la vecina Turquía. Igualmente el ex ministro socialista está presuntamente involucrado en el escándalo Siemens, una compañía que se ha lucrado en Grecia recibiendo contratos del Estado –por ejemplo los sistemas de seguridad de los Juegos Olímpicos de Atenas en 2004, cuyo coste total aún se desconoce- y que habría repartido unos 100 millones de euros en sobornos a varios políticos griegos.

El “escándalo Siemens” es como se conoce a la red de corruptelas impulsada por la empresa alemana en Grecia, donde, desde la década de 1990 ha logrado multimillonarios contratos. Según un comité de investigación parlamentaria, los tejemanejes de Siemens han costado 2.000 millones de euros a los contribuyentes griegos en concesiones a precios inflados. Sin embargo, el gobierno del ex banquero Lukás Papadimos cerró el caso con un acuerdo amistoso por el que Siemens se comprometió a pagar 90 millones de euros de multa, perdonar 80 millones en deudas e invertir entre 100 y 160 millones a cambio de no ser llevada a los tribunales. Si Siemens hubiese sido  expulsada de Grecia, la ampliación del metro de Atenas habrían quedado a medio acabar y el Estado habría perdido el derecho a los fondos europeos concedidos a condición de que la obra fuese terminada en 2012.

Finalmente, el pasado mes de abril Akis fue detenido y, posteriormente, también lo fue su mujer. La investigación no ha hecho sino comenzar, pues al ex ministro se le descubrieron unos diarios en los que apuntaba con precisión sus beneficios y gastos, incluso los de su manirrota mujer. Para su defensa, además de abogados, pagó 270.000 euros a una persona a cambio de que pactase informaciones benevolentes en los medios de comunicación y amenazó con contar todo lo que sabía del resto de políticos griegos.

En los últimos meses la Unidad de Crímenes Financieros (SDOE) no da abasto y actualmente tiene una lista de 500 diputados, políticos, ex ministros y directores de empresas públicas a los que investiga por presuntos fraudes, evasión fiscal y corrupción. Tal y como avisó un portavoz de la SDOE: “En Grecia no hay sólo un Akis”.

Versión ampliada de un artículo escrito para El Periódico de Catalunya

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