HACIA LAS ELECCIONES GRIEGAS: Policías indignados

ANDRÉS MOURENZA (texto y foto)

“Yo no quiero trabajar por este salario de miseria. Hasta un repartidor de pizza gana más que nosotros”, se queja Dimitris. Este joven policía patrulla en moto las calles de Atenas seis horas por jornada durante seis días a la semana. A final de mes cobra 700 euros. 300 se esfuman en el alquiler de su modesta vivienda; entre 100 y 200 van a las facturas de electricidad, gas y agua. Tabaco, teléfono móvil y gasolina para la moto que se compró hace unos años, cuando las cosas iban bien: “También hay que comer, y Grecia se ha convertido en un país carísimo”.

“Cobramos el día 27 y, después del 10 del mes siguiente, sólo me quedan 20 euros en el bolsillo”, explica Yannis, de una comisaría del centro de Atenas. Desde que la Unión Europea intervino la economía griega en 2010, el salario de los policías, como el del resto de trabajadores públicos, se ha reducido en un 30 %. Tras las elecciones, y si el nuevo gobierno cumple con las exigencias de Bruselas, verán caer sus sueldos entre un 10 y un 15 % más y las academias de policía deberán reducir considerablemente la admisión de nuevos alumnos.

“El salario básico de un policía es de 680 € netos y, actualmente, con los recortes, éste es el salario de la mayoría de los agentes. Además, se trabajan muchas más horas de las convenidas y las horas extras no se pagan”, explica Jristos Fotópulos, presidente de la Federación Panhelénica de Policía (POASY), el sindicato mayoritario entre los 50.000 policías nacionales con que cuenta Grecia. Una de las cuestiones que más preocupa a POASY, según su presidente, es que precisamente este descenso de los salarios está llevando a un “incremento de la corrupción” dentro de un cuerpo de policía ya de por sí corrompido: “A veces los policías están tan involucrados en proteger las actividades del organizaciones criminales que uno se pregunta donde termina la fuerza de Policía y donde empieza el crimen organizado”, denuncia un informe de 2010 del Center for the Study of Democracy.

Fotópulos arguye que los agentes se encuentran “en la peor situación posible”: por un lado desprotegida por el gobierno, que ha reducido los salarios y el presupuesto de operaciones, y, por otro, porque debido a su dureza en la represión de las protestas su imagen frente a los ciudadanos es crecientemente negativa. “No se debería usar la fuerza de la policía contra el pueblo para ocultar la falta de capacidades de los políticos. El sistema político debería persuadir a la sociedad argumentando las decisiones que toma en lugar de utilizar medios policiales para ello”, critica.

Los policías griegos no sólo tienen que lidiar con la creciente tensión social, sino también con un incremento significativo de la criminalidad en un país que hasta hace poco tenía una de las ratio más bajas de Europa. “Nosotros somos los únicos que llevamos pistola, ahora todos los delincuentes tienen kalashnikov. Y nuestros chalecos antibalas –dice Yannis golpeándose la protección pectoral- sólo sirven para detener las de pistola, las de un kalashnikov lo atraviesan”. A unos 100 metros de la comisaría en la que trabaja Yannis, un supermercado fue atracado a punta de kalashnikov el pasado diciembre. Y los robos de este tipo se han multiplicado en los últimos meses, a pesar de que cabe preguntarse por la idoneidad de tal arma para trabajos de pequeña magnitud. El caso es que el fin de las guerras balcánicas y el colapso de los grupos armados griegos a principios de la pasada década, ha puesto al abasto de las organizaciones criminales un gran número de armas automáticas. “La criminalidad organizada está creciendo, pero cuando hay tantos policías que se emplean para reprimir protestas, ¿cómo podemos dedicarnos a luchar contra el crimen?”, se pregunta Fotópulos.

Alrededor de Dimitris, sus compañeros discuten a quien votarán en las elecciones del próximo 17 de junio. Él optará por Dimar, un pequeño partido del centroizquierda moderadamente contrario a los recortes impuestos por Bruselas. Ya pocos votan por los conservadores de Nueva Democracia o los socialdemócratas del Pasok, pues su apoyo a las medidas de austeridad ha minado completamente su credibilidad. Algunos policías se escoran más hacia la izquierda, como Fotópulos, quien participó junto al héroe de la resistencia Manolis Glezos –candidato de los izquierdistas radicales de Syriza- en la multitudinaria manifestación del 12 de febrero que culminó con Atenas en llamas y en la que fue gaseado por sus compañeros de las Fuerzas Especiales. “Yo también tragué gas, como Glezos”, relata.

Otros, en cambio, prefieren a la ultraderecha. Según un análisis del diario To Vima teniendo en cuenta los resultados en los colegios electorales donde votaron los policías el pasado 6 de mayo, en torno a la mitad de los 5.000 agentes que ese día estuvo de servicio votó por el grupo neonazi Amanecer Dorado.

Versión ampliada de un artículo publicado en El Periódico

Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s