La crisis de Grecia pone en el punto de mira a los inmigrantes

Andrés Mourenza (Atenas / Corinto)

El reloj de la vieja estación de tren de Corinto marca las 9.33 para siempre. El año pasado, la compañía estatal de ferrocarriles griegos, con grave déficit, fue obligada a cancelar buena parte de sus líneas. Ahora, la sala de espera de la estación de Corinto esta cerrada. Los bancos vacíos ya no aguardan al tren, sino la muerte y el olvido, mientras se oxidan lentamente al sol del Peloponeso y las malas hierbas sepultan las vías como un sueño de lo que fue una época. En la vieja oficina de la estación, los libros de cuentas están aún abiertos sobre mesas, los papeles amontonados y la luz encendida, como si un día, de repente, alguien hubiese dicho a los trabajadores: Mañana no vengáis, se ha terminado el tren. Como el Estado del Bienestar. Terminado. Fin.

Pero entre los trenes abandonados y la basura amontonada entre las vías algo se mueve. Un grupo de unos 50 inmigrantes, a los que la crisis ha empujado a la más absoluta miseria, han encontrado cobijo dentro de los vagones. Tarik, un joven marroquí de 23 años, llegó hace cuatro a Grecia. Tenía papeles y trabajó en varios lugares: “Pero al llegar la crisis, los extranjeros fuimos los primeros en perder nuestro trabajo”. “Buscas y buscas, pero no encuentras, aquí ya no hay trabajo para nadie”, se queja Adam, también marroquí y cocinero especializado en gastronomía francesa, italiana y española. Ambos viven, con otros cuatro magrebíes, en uno de los vagones que, con sillas y colchones rescatados de la basura, han tratado de convertir en un hogar más decente. Pero las condiciones de vida son muy duras. Muchos de sus compañeros han enfermado –a Tarik se le están pudriendo los dientes, otro tiene piedras en el riñón- pero no disponen de dinero suficiente para acudir al hospital, donde sólo los aceptan de forma gratuita en Urgencias, cuando su situación es extremadamente grave: “¿Dónde están los derechos humanos aquí?”, se pregunta Adam.

La mayoría llegó a Grecia a través de Turquía. Los asiáticos y los subsaharianos pagando enormes sumas de dinero a los traficantes, pero los magrebíes normalmente por su propio pie ya que en los últimos años el gobierno turco ha levantado la necesidad de visado para los ciudadanos de los estados norteafricanos. Los algo más de 200 kilómetros de frontera turco-griega, muy difíciles de vigilar por las condiciones del terreno, se han convertido en el mayor punto de entrada a la UE y el año pasado, el FRONTEX europeo detuvo a 57.025 tratando de entrar ilegalmente, aunque la cifra de los que consiguieron pasar es probablemente mucho mayor. Actualmente, en Grecia habita 1 millón de inmigrantes regulares y se calcula que otro medio millón sin papeles.  Los centros de internamiento no pueden dar abasto y la mayoría de los detenidos que no pueden ser deportados, son liberados al cabo de unos días. Y casi ninguno quiere quedarse en Grecia.

“Por favor, explicadme cómo salir de esta mierda de país. Si llego a saber cómo era no vengo”, se lamenta un viejo argelino. En Corinto y otras ciudades de la costa occidental de Grecia como Patras o Igumenitsa los inmigrantes buscan colarse en los buques con destino a Italia para, de allí, seguir el camino hacia el norte. Pero no es fácil, pues ahora hay mucha vigilancia privada que no duda en moler a palos a todo el que trata de viajar como polizón: “Yo llevo seis meses intentándolo, pero sin éxito –prosigue el argelino-. Cada vez hay que arriesgarse más y el valor se nos está acabando”.

En otro vagón se halla Mostafá, de 20 años. Le gusta el arte. Un afgano le presta un bolígrafo y le pide que dibuje algo y él, instintivamente, comienza a trazar las líneas del un barco, el de la Hellenic Seaways, atracado en la ensenada a 200 metros de la estación y que parte cada semana para Venecia. No le hace falta mirarlo, se conoce cada ventana, cada antena. Como si dibujándolo pudiese hacer realidad su sueño de escapar de Grecia. Veinte minutos después Mostafá estará tendido en el suelo, con dos costillas rotas, víctima de una brutal agresión de la que este periodista fue testigo.

Según algunos vecinos, los agresores podrían estar ligados al grupo neonazi Amanecer Dorado (AD), que en las elecciones del 6 de mayo lograron el 7 % de los votos y grupo parlamentario. “AD se está intentando organizar en esta zona. Es una sociedad conservadora y ahora con la crisis, buscan a quien culpar de ella”, explica un activista local. En los últimos tres meses de 2011 la Comisión de Derechos Humanos de Grecia detectó 63 ataques racistas, aunque prácticamente ninguno ha sido convenientemente investigado por la policía. En uno de los pocos casos que ha llegado hasta los tribunales, y en el que está implicada una candidata de AD, el juicio ha sido pospuesto hasta en seis ocasiones a pesar de las quejas de Human Rights Watch y Amnistía Internacional. “Antes de la crisis había debates sobre la situación de los inmigrantes, sobre darles más derechos… pero ahora está fuera de toda discusión. Nadie quiere ayudar ya a los inmigrantes porque los griegos tienen su propios problemas”, lamenta Nikitas Kanakis, presidente de Médicos del Mundo en Grecia.

De ahí que esta bomba social estalle periódicamente y cada vez con más frecuencia. En Patras ocurrió esta pasada semana cuando tres afganos mataron a un joven griego, se cree que por una disputa sobre drogas (los traficantes locales suelen contratar como camellos a algunos sin papeles). El martes, una manifestación de protesta apoyada por los neonazis se dirigió hacia la fábrica abandonada donde habitan muchos de estos inmigrantes y lanzaron piedras y cócteles molotov. Intervino la policía y 8 agentes acabaron heridos. A lo largo de la semana AD envió a sus muchachos desde Atenas y otras ciudades y los disturbios continuaron aunque con menor intensidad.

Tan difícil es la situación en Grecia, que muchos están buscando rutas alternativas a los barcos hacia Italia: abandonar Grecia por Albania o Macedonia y, atravesando los Balcanes, llegar hasta Austria. Es muy complicada puesto que implica salir de la UE y atravesar nuevas fronteras. El iraquí Walid pagó 3.000 euros a los traficantes para que le llevase por esa ruta, pero le descubrieron en Hungría y, en virtud de la normativa europea Dublin II, fue devuelto a Grecia. “Hay una gran hipocresía en el resto de Europa, se habla de la fortaleza europea pero esto es el patio de la fortaleza, donde los demás tiran su basura. Mandan a los inmigrantes aquí donde no podemos darles apoyo. Ellos quieren continuar su camino pero el norte, que tiene menos problemas, cierra sus fronteras”, denuncia Kanakis.

“Aquí la situación es muy jodida”, explica el tunecino Rami en buen español: “Todos queremos irnos para el norte, para Europa”. Para ellos, Grecia ya no es Europa.

Versión ampliada de un artículo aparecido en El Periódico de Catalunya

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Una respuesta a La crisis de Grecia pone en el punto de mira a los inmigrantes

  1. ariana dijo:

    Que increible la crisis que hay en grecia estos ultimos meses, algunos paises en vez de tenderles una mano lo que estan haciendo es darl la espalda aca en esta pagina estaba observado un arcticulo que habla sobre esta crisis http://www.notitips.com/grecia-y-el-grupo-de-los-8/ y la verdad estoy impactada.

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