Grecia: donde enfermarse y moverse se pone cada vez más caro

Andrés Mourenza

Las medidas de austeridad que ha tomado el Gobierno de Grecia para reducir el gasto estatal y así poder pagar su enorme deuda exterior han repercutido en numerosos servicios públicos que han dejado de ser gratuitos o han elevado sus precios.

El reciente anuncio de que el Estado griego alquilará a sus agentes de policíapara tareas que antes ofrecía de forma gratuita (transporte de mercancías peligrosas o de gran valor, rodajes audiovisuales, formación) no es el primer caso. Ya el pasado año se introdujo el repago en la Sanidad pública y cada paciente debe abonar 5 euros por consulta y pagar parte del precio de los análisis, que pueden ascender hasta los 500 euros. “Desde febrero sólo los indigentes están exentos”, explicaba esta semana una asistente social de un importante hospital público de Atenas que pedía el anonimato. “Quizás se piense que el precio no es alto, pero si las familias dependen incluso de la caridad para comer, estos cinco euros son mucho dinero”, se queja Nikitas Kanakis, presidente de Médicos del Mundo en Grecia. Para hacer frente a esta situación, la organización ha abierto consultorios con médicos voluntarios para atender de forma gratuita a los griegos con pocos recursos.

En los últimos dos años, la tasa de desempleo se ha doblado en Grecia hasta superar el 20 % y gran parte de la población ha visto su capacidad adquisitiva reducida a la mitad debido a los recortes salariales y al alza de impuestos. Además, uno de cada cuatro griegos vive por debajo del umbral de la pobreza relativa, según datos de la Unión Europea (UE).

En el caso de los médicos privados adscritos a las diversas cajas, los pacientes no debían hasta ahora abonar ni adelantar ninguna cantidad por las visitas. Sin embargo, desde el pasado 9 de abril sí deben hacerlo ya que los doctores llevan meses sin cobrar de la Seguridad Social, cuyos deficitarios fondos, convertidos en bonos del Estado por el Banco de Grecia, se han visto diezmados por la quita de deuda.

“Desde que el 1 de enero se puso en marcha el nuevo sistema de Sanidad primaria, no se nos han pagado nuestros honorarios y tampoco está listo el mecanismo para pagarnos”, dice Kostas Tsigas, un cardiólogo, cuya consulta está en un barrio popular de Atenas. Por la misma razón, las farmacias griegas exigen desde la semana pasada el adelanto íntegro de las recetas, a pesar de que, legalmente, la Seguridad Social cubre entre el 75 % y el 100 % del coste de las medicinas, cuyo desembolso implica un largo proceso.

Además, dado que Bruselas exige reducir la factura del gasto sanitario, el Gobierno del exbanquero Papademos estudia reducir la cobertura de los medicamentos.

Otro de los sectores más afectados por las exigencias de austeridad es el transporte público. En 2011, el precio del transporte urbano en Atenas fue elevado un 40 % y el billete sencillo de metro pasó de un euro a 1,40 euros. En el caso de los trenes, en diciembre de 2010, el entonces Ejecutivo del socialdemócrata Yórgos Papandreu, decidió elevar las tarifas un 50 % para equipararlas con los autobuses interurbanos, que en Grecia son gestionados por empresas privadas.

Una de las asociaciones que más critica el incremento de los costes de los servicios públicos es la iniciativa “Den Plirono” (Yo no pago) constituida hace tres años para protestar contra la privatización de los peajes de autopistasy el alza de sus precios. “Durante años hemos pagado la construcción de estas carreteras y ahora han sido otorgadas a compañías privadas”, denuncia uno de los portavoces de la iniciativa, Yórgos Bakayannis. Como ejemplo pone la autopista entre Atenas y Salónica, de unos 500 kilómetros. Antes de la privatización existían 2 peajes con un coste total de 3 euros y ahora hay 9 peajes y el precio del viaje se eleva a entre 25 y 30 euros.

Por eso, los seguidores de “Den Plirono” llevan a cabo frecuentes actos de protesta como levantar las barreras de los peajes para permitir que la gente transite gratis por las autopistas, bloquear las máquinas de validación de los billetes de metro y autobús, así como cerrar las ventanillas de las cajas de los hospitales públicos. Ellos, dicen, no están dispuestos a pagar por los desmanes de sus Gobiernos. Su lema es que, si los peces pequeños se unen, pueden comerse al grande.

Artículo escrito para la Agencia EFE y publicado en 20minutos.es

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