“La huelga más larga de Europa” se convierte en referente de las luchas sindicales en Grecia

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Los 380 obreros de una de las principales fábricas siderúrgicas de Grecia han puesto en jaque a uno de los mayores empresarios del país con una huelga que ya entra en su quinto mes –“la más larga de Europa desde las privatizaciones de los ferrocarriles británicos en la década de 1990”, apunta un trabajador- y se ha convertido en un referente de las luchas sindicales de Grecia.

La planta de Jalivurguía Ellados (La Acería de Grecia) de Aspropyrgos está situada al borde de la carretera nacional que atraviesa el cinturón industrial entre Atenas y Corinto, en el que las fábricas languidecen víctima de la crisis y el desempleo se extiende como una enfermedad contagiosa. Ojos hundidos, barbas de días sin afeitar y cansancio de noches en vela marcan los rostros de los obreros del piquete a las puertas de la planta, hombres duros acostumbrados a bregar con el fuego y los aceros. Llevan 139 días en huelga.

Las mujeres de los huelguistas se calientan en fuegos prendidos en bidones metálicos. A veces surge una botella de aguardiente casero, con la que templar los ánimos, y los cigarrillos pasan de mano en mano para matar el tiempo. Pero 139 días tienen 3.336 horas, 200.160 minutos y las agujas del reloj se mueven despacio. Más aún si no se sabe a lo que se espera. El único objetivo es aguantar, resistir, porque saben que si dan un paso atrás están perdidos.

En octubre, el dueño de la empresa, Nikolaos Manesis (también miembro de la Junta Directiva de Alphabank, uno de los principales bancos griegos), aseguró que estaba sufriendo pérdidas y planteó a los trabajadores despedir a 180 de la plantilla o reducir la jornada de 8 a 5 horas con un recorte salarial del 40 % (que pasaría de unos 1.000 euros a 600). “La demanda interna se había desplomado un 70 por ciento. Debíamos hacerlo para sobrevivir”, justifica Yannis Karayannis, director de desarrollo de la empresa, en declaraciones a Efe. Otra de las plantas, situada en la ciudad de Volos, aceptó el trato, no así la asamblea de trabajadores de la fábrica de Aspropyrgos. Los trabajadores negaron que hubiese perdidas y alegaron que en los últimos meses se había ampliado su horario hasta jornadas de 15 horas. “La producción aumentó en 70.000 toneladas entre 2009 y 2011”, expone el presidente del comité de empresa, Yorgos Simfoniós.

Inmediatamente 24 obreros fueron despedidos y durante los siguientes meses la empresa ha seguido despidiendo a trabajadores en huelga. “Ya van 93, pero nosotros no los reconocemos. Continuaremos la huelga hasta que nuestros compañeros sean readmitidos y volvamos a trabajar las mismas horas que antes”, afirma a EFE este obrero de 54 años, que ha pasado 33 de ellos en la Acería. “Hemos tratado de negociar varias veces pero todas nuestras propuestas han sido rechazadas por los sindicalistas”, se queja Karayannis, que considera la huelga como “propaganda comunista” por la influencia del sindicato comunista PAME en el comité de empresa.

Jaris Manolis considera “inaceptable” la propuesta de la empresa puesto que el trabajo en la fábrica es “duro y peligroso”. “La situación de seguridad era muy mala, tratamos de reducir los accidentes y mejorar la seguridad pero el jefe no quería dar más dinero, ni siquiera para renovar el edificio, que tiene unos 60 años”, explica. Junto a la verja, una foto y una cruz recuerdan en papel al último compañero muerto: en diciembre de 2010. El acero fundido cayó sobre él y lo mató abrasado. A otro obrero le provocó quemaduras en todo el cuerpo y ahora no puede salir a la luz del sol. La empresa fue condenada por negligente y obligada a pagar una multa, “pero estos tipos nunca terminan en la cárcel”, añade Petros.

“La situación es muy dura después de tantos días de lucha, pero nuestras familias apoyan que continuemos la huelga”, explica Dimitris. Los 380 huelguistas viven del apoyo que les llega de todos los rincones del país –y últimamente desde diversas partes del mundo- en forma de donaciones. “La solidaridad ha sido muy fuerte desde el primer día, a pesar de lo mal que lo están pasando todos los trabajadores griegos”, reconoce Simfoniós.

“Gracias a la Caja de Resistencia podemos comer. Y la gente también nos envía alimentos y ropa”, explica Manolis: “Pero tenemos compañeros con cinco o seis hijos. A ellos los tenemos que ayudar más porque en este país tienes que pagar por todo, incluso por la Sanidad y la Educación”. “En mi colegio tenemos a algunos hijos de los huelguistas. Están deprimidos y sienten que no hay futuro”, explica el profesor Markos Garbis.

Los sueños personales van quedando aparcados, como el de Jaris Manolis: “Yo quería casarme, pero a mi novia también la echaron de su trabajo. Ahora tiene otro empleo, muy precario, ni siquiera sabemos si lo conservará el mes que viene”. “El futuro es muy negro para toda Grecia, así que lo único que podemos hacer los trabajadores es estar unidos, unidos como un puño”, continúa el combativo Simfoniós.

Y de veras lo están. Tantos días compartiéndolo todo, en guardia día y noche para prevenir los varios intentos de la dirección de romper la huelga con trabajadores de sus otras plantas, se conocen entre ellos mejor que ningún otro. “No tenemos nada material, pero nos tenemos unos a otros”, subraya Manolis: “Y esos vínculos no los podrán romper nunca. Eso significa que pase lo que pase, ya hemos ganado”.

Versión ampliada de un artículo escrito la semana pasada para la Agencia EFE y publicado en diversos medios

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