Grecia se siente defraudada

Andrés Mourenza

El presidente griego Karolos Papoulinas aparecía tremendamente ofendido este miércoles por las dudas de algunos países europeos a conceder el nuevo préstamo que evite la bancarrota de Grecia. «Quién es este Schäuble (el ministro alemán de Finanzas) para ridiculizar a Grecia? ¿Quiénes son los holandeses o los finlandeses?», se preguntaba públicamente. El país mediterráneo comienza a sentirse estafado por Bruselas.

El Eurogrupo retrasó nuevamente la decisión sobre el rescate griego. Hace una semana, el parlamento griego votaba el nuevo paquete de recortes desoyendo a los miles de personas que clamaban contra él. Los partidos gobernantes –que ya solo son el socialdemócrata PASOK y la conservadora Nueva Democracia (ND) tras la marcha del ultraderechista LAOS– lo sacaron adelante a pesar del tremendo coste político y social que acarrea. Atenas terminó el día ardiendo, literalmente.

Y ya no son solo los dos centenares de sospechosos habituales a los que la policía nunca detiene a pesar de tenerlos más que identificados, o el puñado de aprovechados que de manera mafiosa reclaman a los dueños dinero a cambio de no quemar sus negocios, o los infiltrados de la policía –los hay– que arengan a la violencia para desacreditar las protestas. El domingo, cuando algunos arrojaban cócteles molotov a los bancos, muchos manifestantes, hartos de todo, les aplaudían.

DESCONFIANZA / «Los socios ya no se fían de Grecia. No habrá más recursos hasta que se activen las medidas», decía el lunes el presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, en una afirmación que cayó como un jarro de agua fría en el Gobierno heleno. El martes llegó otra mala noticia: la reunión del Eurogrupo fue cancelada por falta de garantías. Los líderes de PASOK y ND se apresuraron a poner por escrito su compromiso de llevar a cabo los recortes pero, aún así, en la teleconferencia del miércoles, tampoco se liberaron los al menos 130.000 millones de euros del crédito. La decisión quedó pospuesta, por enésima vez, a la próxima reunión del Eurogrupo.

Es cierto que la UE ha perdido la paciencia con Grecia por la tardanza en aplicar las reformas. Pero, como señala el consultor Philip Ammerman, muchos de los objetivos eran «altamente improbables», por ejemplo lograr 50.000 millones de euros en privatizaciones cuando no hay apenas movimiento en el mercado empresarial.

La exigencia de Juncker contiene otro grave problema: para poner en práctica todos los recortes hace falta que se aprueben ley a ley y el proceso llevará varias semanas, lo que nos situaría ya en el temido 20 de marzo, cuando vencen bonos griegos por valor de 14.500 millones de euros de los que el Estado griego no dispone.

Todo marcha ya con bastante retraso. Lo pactado en noviembre tras la formación del Gobierno de coalición presidido por el exbanquero Lukás Papadimos (constituido des- pués de que Bruselas pusiese el grito en el cielo con la idea de Yorgos Papandreu de convocar un referéndum sobre el nuevo rescate) era que se aprobaría todo lo exigido por la UE, se procedería a la reestructuración de la deuda y se iría a las elecciones en febrero. Ahora se habla de abril, y ni eso es seguro.

CLARO TEMOR / «En Bruselas hay una claro temor por la estabilidad política griega y a que de las urnas no salga un gobierno favorable al memorándum», explicaba esta semana un alto cargo cercano a Papadimos. Algo que es más que probable puesto que, a pesar de que ND encabeza las encuestas, no lograría gobernar en solitario. Le siguen tres partidos a la izquierda del PASOK, todos opuestos al memorándum pero enfrentados entre sí.

«Cuando observas los debates políticos de Grecia y los sondeos, te preguntas quién garantizará después de las elecciones que Grecia seguirá por el camino acordado, y esto lo encuentro alarmante», se quejaba el ministro alemán Wolfgang Schäuble. Por ello hay países europeos que piden no dar el dinero a Grecia hasta después de los comicios –a ex- cepción de lo necesario para hacer frente a los pagos de deuda– o pedir que los puestos clave del Gobierno queden destinados a tecnócratas, o que, simplemente, las elecciones sean aplazadas: no sea que los electores se equivoquen al votar.

Por ello muchos ciudadanos sienten que la UE está interviniendo en el libre juego democrático, esto es, que cada partido se presente con un programa propio. De ahí que el ministro de Finanzas griego, Evangelos Venizelos, consciente de que en Grecia se ha iniciado la cuen- ta atrás de la explosión social y de que el reloj correrá aún más rápido si no se entrega el nuevo préstamo a pesar de los sacrificios hechos, denunciase que algunos «están jugando con fuego». No se refería a los anarquistas, sino a Bruselas.

Publicado en El Periódico de Catalunya el 19 de febrero de 2012

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