Punzadas de hambre en Grecia (12/12/2011)

Su nombre no ha trascendido por ser menor de edad, pero un adolescente de 13 años de la ciudad de Heraklión, en la isla de Creta, se ha convertido en un nuevo símbolo de la tragedia económica griega tras desmayarse en medio de clase a finales de noviembre. Los profesores telefonearon a su casa y recibieron de la madre una respuesta asombrosa: «Es natural que se haya desmayado, llevamos dos días sin comer». El padre hace tiempo que abandonó el hogar, la madre trabaja a media jornada y debe alimentar a cuatro hijos.
El suceso estremeció a la opinión pública, aunque es solo el último de varios hechos similares, lo que demuestra que la crisis económica ha empezado a golpear ya a los estómagos. Las asociaciones de padres de alumnos y profesores han llamado la atención sobre esta situación, a pesar de lo cual, la ministra de Educación, Anna Diamantopulu, ha calificado las denuncias de «propaganda populista» y de «utilización de los estudiantes» con fines políticos.
Ya la pasada primavera, los médicos detectaron varios casos de malnutrición en un instituto del distrito ateniense de Kipseli. «Cada vez vemos más casos de niños que no están adecuadamente alimentados, y esto está relacionado con el creciente número de personas que han perdido su trabajo. Hay lugares en los que los niños dejan las clases antes de que terminen para acudir a comedores de caridad y otros en los que se ven obligados a compartir el almuerzo de sus compañeros», explicó Nikos Papaspyru, de la Federación de Profesores de Grecia, en declaraciones al canal Skaï.

Zapatos agujereados
Otro maestro, Dimitris Margiolis, aseguró que no es insólito ver a niños en los colegios con «agujeros en sus zapatos: tampoco tienen calzado adecuado para las clases de gimnasia. En las cantinas escolares, el número de estudiantes que compran algo decrece día a día. Algunos pagan a crédito».
La prensa griega informa continuamente de nuevos casos de degradación constante de las condiciones de vida: una mujer sin recursos a la que impiden parir en un hospital público porque no tiene dinero para abonar por adelantado los 1.000 euros que exige el copago; hospitales donde se llevan a cabo operaciones sin anestesia porque no queda dinero para adquirirla; estudiantes que deben dar clase en una iglesia porque la escuela no tiene dinero para el gasóleo de la calefacción.
Se calcula que en el año 2012, cuatro de cada diez griegos vivirán por debajo del umbral de la pobreza. Dada la situación, no es de extrañar el gran éxito que ha cosaechado el libro Recetas del hambre, de la historiadora y profesora de secundaria Eleni Nikolaidu, que re- copila recetas y consejos para engañar al estómago que utilizaron los griegos cuando fueron ocupados por la Alemania nazi y la Italia fascista (1941-1944). Una de esta recetas recomienda guardar en un tarro las migas de pan que quedan sobre la mesa después de las comidas, para utilizarlas después en otros platos.
«Deberíamos establecer redes de ayuda como hicimos para los niños de Irak, Palestina o Yugoslavia», propone el profesor Dimitris Margiolis. Pero, tal y como explica un bloguero ateniense: «A la gente le da vergüenza buscar ayuda. Es difícil luchar contra el hambre con dignidad».

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