Revuelta juvenil 2008

Grecia estalla por la muerte de un adolescente a manos de la policía (08/12/2008)

Una ola de violencia recorre el país por segunda noche consecutiva. El agente que disparó al joven fue detenido y la Fiscalía lo acusa de homicidio voluntario.

Andrés Mourenza (Estambul) // Montse Martínez (Barcelona)

Un estudiante de 15 años muerto, dos policías detenidos y toda Grecia envuelta en la ola de disturbios más importante de los últimos 25 años. Las principales ciudades griegas, con el epicentro en Atenas, han vivido un fin de semana de auténtica batalla campal –que al cierre de esta edición seguía desatada y había causado al menos 10 heridos, entre ellos cuatro policías– para alzarse contra lo que se perfila como un gravísimo caso de abuso policial. La muerte del joven parece haber abierto la compuerta de un descontento social larvado, alimentado por la crisis económica y la corrupción política en el país.

El estudiante Andreas Grigorópulos falleció el sábado por la noche cuando el policía Epaminondas Korkonéas, de 37 años, le disparó en el céntrico barrio ateniense de Exarjia, donde se ubican las universidades, en el contexto de una de las ya habituales protestas de grupos anarquistas contra la policía.

El enfrentamiento entre un grupo de 30 jóvenes y la policía se desencadenó cuando el vehículo policial patrullaba por el conflictivo barrio. La versión de la policía asegura que los agentes fueron atacados de forma directa con piedras y bombas incendiarias cuando bajaron del coche, y que por eso un agente disparó tres veces su arma al aire y una de las balas alcanzó al menor.

Pero los varios testigos presenciales perfilaron una sucesión de hechos completamente diferente. Primero, puntualizaron que el joven fallecido, perteneciente a una familia rica, no tenía nada que ver con los manifestantes, y que los disparos no fueron intimidatorios sino directos y se llevaron a cabo «a sangre fría», en palabras de un taxista. El joven, herido de muerte en el estóma- go, falleció al llegar al hospital.

La fulminante detención de los dos policías, tanto del que disparó al joven como del que le acompañaba, y la contundencia de las acusaciones de la Fiscalía ponen en entredicho la versión policial. El agente Korkóneas está acusado de «homicidio voluntario» y su compañero, Vassilis Saraliotis, deberá hacer frente al cargo de cómplice. Pocas horas después del incidente, el ministro del Interior, Prokopis Pavlópulos, presentaba su dimisión al jefe de Gobierno, Costas Caramanlis, que no se la aceptó.

Los disturbios se desataron de forma tan rápida como violenta y, como si de una traca se tratara, fueron explotando de ciudad en ciudad: a Atenas le siguieron la norteña Salónica, Komotini, Ioannina, Patras e incluso la isla de Creta.

MÁSCARAS ANTIGÁS / Banderas de Grecia ardieron en el lugar donde fue abatido el joven en Atenas mientras los manifestantes, cada vez más a medida que pasaban las horas, reventaban cristales de escaparates y prendían fuego a locales, como dos concesionarios de coches y un supermercado en el centro de la capital. Estampas por el estilo se repitieron en las otras principales ciudades griegas.

Protegidos con máscaras de gas –sabedores de que serían reprimidos con gases lacrimógenos–, cascos de motos, capuchas y bragas que ocultaban su rostro, los manifes- tantes hicieron gala de una violencia inusitada. Llegaron a verse extintores industriales con los que atacar a la policía que los jóvenes arrastraban con carritos.

Los incidentes se prolongaron durante toda la noche del sábado y todo el día de ayer, con una concentración de más de 5.000 personas en el centro de Atenas.

Ante el cariz que tomaron las protestas, el ministro del Interior, que aseguró respetar el derecho de manifestación, prometió «castigar a los culpables» de la muerte del joven, aunque también dejó claro que las fuerzas de seguridad «cuentan con toda la confianza del Gobierno».

El alcalde de Atenas, que ha pedido que todos los comerciantes afectados sean indemnizados, ha pospuesto la apertura oficial de la campaña comercial navideña por los graves desperfectos sufridos por muchos comercios.

El malestar estudiantil y la crisis social dan fuelle a las protestas (08/12/2008)

Andrés Mourenza (Estambul)

Cuando    murió    el    anarquista italiano Carlo Giuliani víctima de los disparos policiales durante las manifestaciones contra la cumbre del G-8 en Génova en 2001, no hubo protestas populares extraordinarias. Pero las cosas son diferentes en Grecia. Cada semana, en la plaza de Exarjia, una zona de marcha juvenil, militantes anarquistas organizan protestas y se enfrentan a la policía. Un pequeño pelotón de antidisturbios es ya parte del mobiliario urbano. «Siempre hay protestas y peleas con la policía, pero nunca pasan a mayores», explica la periodista griega Maria Zacharaki. En realidad, muchos acusan a estos grupos de ser simples vándalos. «Pero esta vez es algo muy serio, porque ha muerto un estudiante y el estudiante es una persona importante en la sociedad», añade Zacharaki.

Hace 35 años, el 17 de noviembre de 1973, un levantamiento en la Universidad Politécnica contra la Junta de los Coroneles fue reprimido a sangre y fuego por militares y policías, que mataron a 24 civiles, entre ellos varios estudiantes. «Desde esos tiempos, los griegos tienen alergia a los uniformes. Por eso han reaccionado tan duramente a este asesinato», asegura el periodista Stelyo Berberakis. Muchos griegos opinan que la policía no está preparada para controlar este tipo de protestas y, también, que son ellos mismos los que, infiltrados en los grupos radicales, provocan los altercados. «Aunque las cosas han mejorado, aún quedan muchos policías que se comportan como cowboys», dice Berberakis.

Pero además, en Grecia existe una gran tradición de protestas sociales. «La universidad está muy politizada y dividida en diferentes sectores políticos. Los estudiantes tienen mucho poder e, incluso, pueden decidir sobre la promoción de asistentes y profesores lectores», afirma Dimitris, estudiante de la Politécnica.

El Gobierno del conservador Costas Caramanlis se está enfrentando a un otoño caliente provocado por los cierres de fábricas y despidos originados por la crisis, diversos casos de corrupción y una reforma educativa que ha puesto en pie de guerra a la universidad. En la capital, las huelgas de transporte y las manifestaciones estudiantiles son casi diarias. «Los griegos tienen un gran sentido de la democracia y piden cuentas al Estado», concluye Eliana Romero, una informadora extranjera.

Las protestas incendian Atenas en el tercer día seguido de altercados (09/12/2008)

La revuelta se agrava en Salónica y llega a pequeñas poblaciones. Los disturbios causan al menos 50 heridos.

Andrés Mourenza (Atenas)

Grecia vivió ayer, por tercer día consecutivo, decenas de revueltas en protesta por la muerte, a manos de la policíaa, del joven de 16 años Alexis Grigorópulos. Los heridos superan la cincuentena –entre ellos muchos agentes–, los detenidos se cuentan por decenas y los negocios que han ardido superan el centenar. Ayer, Atenas terminó el día literalmente en llamas.

Por la mañana, la capital griega amaneció en una extraña calma: las avenidas del centro –normalmente un caos de coches– estaban desiertas. En la plaza de Neocosmos, que da acceso al centro, jóvenes de instituto cortaban el tráfico y obligaban a los coches a dar media vuelta.

En el campus de la Universidad Politécnica una gran pancarta negra con la palabra Asesinos cubría la entrada. Olía a eucaliptus y a gases lacrimógenos. Irini, una joven de la asamblea de Arquitectura, preparaba nuevas pancartas junto a sus compañeros. “Para qué hablar, los hechos hablan por sí solos”, decía en referencia al asesinato del joven. El campus se desperezaba de la resaca de violencia de la noche anterior. Junto a la garita del guardia de la universidad, abandonada y con los cristales rotos, reposaban media docena de cócteles incendiarios bajo una gran A anarquista. Listos para una noche más de rabia.
Mientras tanto, las revueltas se agravaban en la segunda ciudad del país, Salónica, donde 300 jóvenes atacaron comisarías y edificios públicos, y estallaban en pequeñas ciudades como Trikala (Tesalia).

HUELGA GENERAL / La sede central del Partido Comunista de Grecia (KKE), que es la tercera fuerza política griega, era un ir y venir de jóvenes. Los comunistas pretenden unir esta revuelta a las manifestaciones convocadas contra la reforma de las pensiones y la política económica del Gobierno y han anunciado una huelga general para mañana miércoles. «Los accidentes laborales también son asesinatos, asesinatos patronales», dijo un militante del KKE que pidiño no ser identificado.

«Hay un intento de amedrentar a la gente para que no se manifieste por las cuestiones sociales», opinó su camarada que, sin embargo, rechaza los brotes de violencia: «Son acciones inmaduras. Para hacer la revolución hay que atraer a la mayoría, no asustarla».
El primer ministro, el conservador Costas Caramanlis, prometió «justicia» y «mano dura» contra los violentos y mañana comparecerán ante la justicia los acusados de la muerte de Alexis, pero parece que ya nadie escucha al Gobierno, ahogado por los escándalos de corrupción y una crisis económica que le viene demasiado grande.

A las 18 horas sonó la llamada de la revuelta. En la plaza de Omonia, unas 3.000 personas se congregaron bajo el paraguas del Partido Comunista y, en tanto, hacia allí avanzaba la manifestación más numerosa, convocada por grupos autónomos y la Coalición de la Izquierda Radical (Syriza), que llegó a ocupar al completo la larga avenida Eleftherios Venizelos con más de 10.000 personas.

COMERCIOS ASALTADOS / Los manifestantes avanzaban cubiertos con máscaras, cascos de moto y pañuelos. Los más violentos rompían marquesinas y prendían papeleras y todo lo que oliese a «sistema»: tiendas de Nike, de Zara, de telefonía móvil, bancos, al grito de «policías, cerdos asesinos». El olor dulzón de la gasolina de los cócteles ardiendo y la peste pegajosa de la basura quemada flotaban en el aire. Algunos manifestantes rompieron los cristales del Banco Nacional y lo quemaron. Y muchos manifestantes aplaudieron.

La policía no intervenía. El Ministerio del Interior le había ordenado «permanecer a la defensiva». Hasta que llegó la carga final, después de que los manifestantes más radicales capturaran un par de camiones de bomberos y los quemaran. Al final, consiguieron ahuyentar a la mayoría pacífica y a los inmigrantes asiáticos del barrio de Omonia, que huyeron despavoridos.

«El Estado y el Gobierno, con sus manos manchadas de sangre, se dedicará ahora enteramente a preservarse a sí mismo; no hará nada por los habitantes del país, nada que no sea intentar aplacarlos con muchas palabras y poca acción», se lamentó Nikos Konstandaras, editor del diario conservador Kathimerini. También denunció que nadie ha hecho nada por resolver «el juego de indios y vaqueros» entre policía y anarquistas en el barrio de Exarjia que culminó con la muerte de Alexis. «Esta es la fotografía de Grecia. Este Gobierno ya no controla nada, ni siquiera a su policía que es capaz de matar a un menor a sangre fría; debe dimitir de inmediato», afirmó Costas, militante de Syriza.

Caramanlis se halla en un callejón sin salida. Ha ordenado a la policía permanecer a la defensiva para evitar excesos, pero, al mismo tiempo, deja que los rebeldes hagan lo que quieran, mientras los comerciantes comienzan a pedir que se defiendan sus propiedades. «Anarquía, terrorismo», gritaban algunos comentaristas de la cadena Alter. En una encuesta publicada por el diario Ta Nea, que no valora aún el alcance de los disturbios, el partido Nueva Democracia de Caramanlis pierde ya el 13% de apoyo respecto a las elecciones del pasado año y la oposición socialista le aventaja en siete puntos.

Adolescentes de clase media protagonizan las revueltas (09/12/2011)

Andrés Mourenza (Atenas)

Ayer no hubo clase en los institutos ni en la universidad. Algunos decían que la dirección había decidido cerrar en signo de duelo; otros que eran los mismos estudiantes los que decidieron ir a la huelga. Sea como fuere, Atenas se pobló de manifestantes de entre 14 y 18 años.

«Hay dos tipos de manifestantes. Por un lado están los que se llaman a sí mismos anarquistas y se dedican a destruir todo lo que pueden y, por otro, estos estudiantes que han montado manifestaciones en sus barrios. Los últimos son los verdaderos ma- nifestantes: se enfrentan a la policía, incluso violentamente, pero no atacan los negocios», explica el periodista griego Stelyos Berberakis.

A TRAVÉS DE SMS / Mientras sus hermanos mayores preparaban la manifestación de la tarde, un grupo de dos centenares de estudiantes de instituto convocaron a través de mensajes telefónicos e internet una manifestación en la céntrica plaza de la Constitución (Syntagma) y lograron, durante varias horas, cercar el Parlamento, protegido por antidisturbios.

«Policías, maricones, habéis matado a un niño», gritaban a coro mientras lanzaban piedras, naranjas o conos de tráfico y, especialmente, el polvo de los extintores, que se ha convertido en el arma de la revuelta. La policía, consciente de que su papel está en entredicho, avanzaba solo de vez en cuando, hasta que llegó una columna policial por detrás, intentando atrapar a los manifestantes en una pinza. Los adolescentes reaccionaron lanzando piedras en ambas direcciones. Se mostraban orgullosos de responder a una situación de injusticia con la misma violencia, pero cuando la policía detuvo a uno de los manifestantes, sus amigas lloraban histéricas. «Él no ha hecho nada», clamaban. Otras escupían sobre los escudos de los antidisturbios.

En cierto modo, esta revuelta se asemeja a las protestas de la banlieue parisina, solo que esta vez no son hijos de inmigrantes, sino los de la clase media, y no pelean en barrios marginales sino en el centro de Atenas. También hay otra diferencia: no solo los chicos tiran piedras, también ellas lo hacen, con la misma rabia e improperios hacia la policía. Pero sí que se adivina el mismo enfado contra la vida y contra todo.

El problema es que no levantan los adoquines de Syntagma para buscar debajo la playa, como soñaban los manifestantes en 1968, sino para lanzárselos a la policía. No hay ideología, apenas alguna camiseta del Che; sí que hay sudaderas con capucha y pantalones bajos, uñas pintadas de rosa y mechas platino, todo a la moda. Les une la rabia. Han ma- tado a uno de los suyos.

Las protestas y la oposición acorralan al Gobierno griego (10/12/2008)

Los socialdemócratas ven «incapaz» a Caramanlis y piden elecciones anticipadas. La cuarta jornada de altercados se desata tras el funeral por el joven fallecido

Andrés Mourenza (Atenas)

“Un Estado sin Gobierno”, titularon ayer dos de los principales periódicos de Grecia, Ta Nea y Eleftherotypia, en referencia al Ejecutivo conservador de Costas Caramanlis, ahogado por la fuerza incontenible de cientos de protestas e incapaz de controlar los violentos disturbios que ayer asolaron el país por cuarto día consecutivo.

George Papandreu, líder del principal partido de la oposición, el socialdemócrata PASOK, hizo un análisis parecido tras reunirse con el primer ministro: «El Gobierno es incapaz de defender a sus ciudadanos. Ya basta». Caramanlis, cuyo partido Nueva Democracia (ND) posee una mayoría absoluta muy justa, se vio ayer con los líderes de los partidos del Parlamento y todos, a excepción de la ultraderecha religiosa, le negaron su apoyo. El jefe del Ejecutivo les respondió pidiendo que condenen «la violencia sin precedentes contra ciudadanos inocentes, propiedades, la sociedad y la democracia misma», y en un gesto desesperado llamó a los sindicatos a que cancelasen la huelga general convocada para hoy contra su política económica. Los sindicatos tampoco le hicieron caso.

Ayer era el día del funeral del joven de 15 años muerto a manos de la policía el sábado, Alexis Grigorópulos, y las protestas no perdieron intensidad, ni tampoco violencia los altercados que las acompañaron. Desde el mediodía, cientos de profesores y estudiantes de todas las edades se concentraron en la plaza de Omonia para protestar contra el Gobierno, sus políticas sociales, las privatizaciones a instancias de la UE y la violencia policial.

«¡GRECIA DA ASCO!» / Los altavoces instalados por el Partido Comunista repetían las consignas por las calles de los alrededores. Vangelis y Elena, dos estudiantes adolescentes, gritaban: «¡Grecia da asco!», aunque como militantes comunistas rechazaban de plano los brotes violentos.

A una parada de metro de distancia había surgido otra manifestación, esta sin líderes claros, y se dirigió hacia la plaza de Syntagma al grito de «Abajo Nueva Democracia» y el ya popularizado «Policías: ¡cerdos asesinos!». Gente de todas las edades invadió los alrededores del Parlamento y tiró mandarinas, pelotas de tenis y piedras a los policías antidisturbios hasta que estos los desalojaron con bombas de gas lacrimógeno.

Un chaval imberbe y grandote que se hacía llamar Bill pedía que la policía no fuese violenta. A Bill le costaba articular el discurso, pero afirmaba sentirse «fuera de la socie- dad por culpa de este sistema». Lina, una profesora y madre de uno de los manifestantes, explicaba que el asesinato de Alexis «ha sido la gota que ha colmado el vaso, pero hay mu- chos temas por los que protestar». «Con todo el paro que hay en Grecia, el Gobierno da dinero a los bancos y no a las personas», se quejó.

FUNERAL // Unas 2.000 personas aguardaban en un silencio conmovedor de dolor y rabia en la puerta del cementerio de Paleo Faliro, donde fue enterrado Alexis en una ceremonia privada. A medida que se conocen más detalles de la muerte más crece el enfado con la policía. Un vídeo grabado con un móvil por un testigo reveló que no hubo una agresión antes de que el agente Epaminondas Korkoneas, conocido como Rambo por sus compañeros, matase al joven. Incluso algunos abogados se han negado a defenderle, porque ya casi nadie cree en la versión de que disparó en defensa propia. Unas octavillas recordaban ayer que ese mismo día un paquistaní fue apaleado por la policía hasta quedar inconsciente.

Tras el funeral, algunas decenas de violentos convirtieron el barrio de Paleo Faliro en un infierno de contenedores quemados. Los disturbios se extendieron por varios puntos de la ciudad y del país, especialmente Salónica y Patrás. Volvieron los escaparates rotos y los incendios de negocios, la policía se empleó con gases lacrimógenos e incluso un agente dis- paró con su pistola reglamentaria, según mostró la cadena ANT 1. El propietario de un pequeño local de comidas del centro maldecía rabioso: «Tendrían que sacar al Ejército a la calle, para que se jodieran».

El PASOK de Papandreu intenta sacar partido y pide elecciones anticipadas sabiéndose por delante de ND en las encuestas, pero en las protestas se pide un cambio más radical. «El PASOK es solo la otra cara del mismo sistema. El cambio no puede llegar si es solo en Grecia, toda Europa debe entender que necesitamos otro mundo», decía una manifestan- te de mediana edad.

«Ahora, nosotros tenemos el poder, no ellos» (10/12/2008)

Iro no puede evitar las lágrimas. Le emociona el silencio, la unión de la gente, todos contra el poder. Es el funeral de su Che Guevara, su Ho Chi Minh: el adolescente de rizos negros Alexis Grigorópulos, que, para la joven Iro, como para muchos estudiantes griegos, se ha convertido en el mártir de la rebeldía y ha encendido la chispa de la revuelta política. Y eso a pesar de que Alexis, «un chico educado» según sus vecinos, era un adolescente más: le gustaba la música punk y el hip-hop, vivía en el barrio acomodado de Paleo Faliro y el día que lo mató la policía solo había salido «para ir de fiesta», según dijeron sus amigos a la prensa griega.

En cambio, Iro ya está en el primer curso de Educación Física de la Universidad de Atenas. Allá es donde los jóvenes griegos viven su eclosión política y esta joven, de cara enrojecida por el llanto de la frustración, decidió unirse al colectivo Estudiantes Contra el Sistema.

Los centros de educación superior de Grecia son verdaderos hervideros políticos donde día sí y día también se organizan huelgas y protestas. Las fachadas lucen cubiertas de graffiti y de grandes pancartas y los pasillos están repletos de mesas de propaganda de distintos grupos políticos.

«La situación es muy mala y, si no luchamos, no va a cambiar», dice Ido casi en susurros. Sus padres son empleados en una empresa privada, pero la familia está ahogada por las deudas, como la mayoría. La deuda total de los hogares griegos a los bancos en hipotecas y préstamos al consumo alcanzó el pasado julio los 100.000 millones de euros, un 20% más que al inicio del 2008.

El coste de la vida

Como la entrada en la universidad pública es difícil debido a los exámenes de acceso, muchos padres gastan entre 400 y 500 euros al mes en academias privadas que preparan a los estudiantes para la selectividad. Gastan este dinero, a pesar de su situación económica, para que, al salir de la universidad, sus hijos puedan encontrar un buen trabajo. Pero la situación es otra muy diferente: los mileuristas de España son en Grecia setecientoseuristas, lo máximo a lo que pueden aspirar. Y el coste de la vida en Atenas, según un esudio de The Economist, se acerca en un 90% al de Nueva York.

¿Qué te gustaría hacer en el futuro? «Me conformaría con encontrar trabajo», contesta Iro. «En Atenas, aún es más fácil; los jóvenes de los pueblos y las ciudades pequeñas tienen menos futuro, porque no quedan fábricas y han acabado con la agricultura. Muchos griegos van a estudiar fuera, porque aquí ya no hay futuro –asegura–. Así que hay que salir a la calle para que el Gobierno respete nuestros derechos».

Sobre la violencia y los destrozos causados por algunos manifestantes, Iro afirma: «Yo quiero que salgamos a la calle pacíficamente, pero puedo entender lo que ha sucedido; es la rabia. La gente está muy enfadada». No teme que el Gobierno envíe a más fuerzas a reprimirles o que tome medidas extraordinarias: «No se atreverá; ahora nosotros tenemos el poder, no ellos».

La joven no quiere mostrar su rostro en las fotos. Solo la pancarta que lleva sujeta entre su chaqueta de punto y su mochila rosa, donde se lee: «Nos roban las vidas, persiguen a los inmigrantes, no dan dinero a la educación, dan dinero a la policía, matan estudiantes… ¡Echemos abajo este Gobierno de asesinos!». «Si esta vez logramos hacer dimitir al Gobierno con la lucha, el próximo no se atreverá a hacer lo mismo», concluye Iro con un brillo de esperanza en los ojos: «Si los trabajadores se unen a los estudiantes, entonces venceremos». Puro eslogan de mayo de 1968.

Una huelga general paraliza Grecia y corona cinco días de altercados (11/12/2008)

Andrés Mourenza (Atenas)

La huelga general convocada contra la política económica del Gobierno conservador griego por las principales confederaciones sindicales, GSEE y ADEDY, que representan a 2,5 mi- llones de trabajadores, paralizó ayer el país. Los aviones se quedaron en tierra, los barcos en los puertos, los transportes y los hospitales funcionaron solo bajo servicios mínimos y las escuelas y universidades continuaron inactivas en el que ya fue su tercer día sin clase. Incluso los monumentos más significativos de Grecia, como la Acrópolis de Atenas, permanecieron cerrados.

Con el árbol de Navidad quemado durante los disturbios de los últimos días como espectador, unas 15.000 personas procedentes de distintos puntos del centro de Atenas se congregaron en la plaza de Syntagma, ante la sede del Parlamento, en un ambiente festivo. Empleados de la empresa privada, funcionarios, estudiantes y obreros se sumaron a las protestas y revueltas que sacuden Grecia desde el pasado fin de semana a causa de la muerte del joven de 15 años Alexis Grigorópulos, pero también a causa de la crisis política y social. Precisamente ayer, los dos agentes implicados en la muerte del adolescente fueron enviados a prisión preventiva y un juez los acusó de «homicidio intencionado», a pesar de que su abogado alegó que la bala disparada por el policía conocido como Rambo había alcanzado a Alexis «de rebote».

MÁS PRESIÓN AL GOBIERNO / A través de la megafonía, los líderes sindicales amenazaron con «cambiar el Gobierno si el Gobierno no cambia sus politicas», especialmente sus presupuestos. «Son muy conservadores, aumentan los impuestos a los trabajadores, reducen el dinero destinado a la educación y a la sanidad y, mientras tanto, las diferencias entre ricos y pobres están aumentando», se quejaba el oficinista Panos Kiriakulias, uno de los participantes en la concentración.

Según el informe anual del sindicato GSEE, el 50% de los trabajadores griegos cobran menos de 1.250 euros al mes, y la nómina de casi la mitad de estos no alcanza los 800 euros. Por eso no es de extrañar que el 14% de las familias vivan por debajo del nivel de la pobreza, el doble que la media de los 27 países de la Unión Europea (UE), y eso que el número de horas de trabajo al año de los griegos (1.900) es uno de los mayores del club comunitario, aunque seguido de cerca por España (1.800).«La sociedad está tan enfadada que se veía venir lo que ha pasado. Cada vez es más difícil sobrevivir para la clase media, y la corrupción del gobierno de Nueva Democracia ha llegado a tal punto que insulta al sentido común», se quejaba Mijalis, un investigador.

Cuando los sindicatos dejaron la manifestación, un grupo de unos 200 radicales que hostigaban a la policía con piedras y naranjas intensificaron sus ataques y lanzaron un cóctel molotov, con lo que el final de la gran manifestación se convirtió en una carrera de altercados que se extendió por Atenas por quinto día consecutivo. El número de comercios atacados se acerca ya al medio millar y los daños superan los 200 millones de euros. La televisión ALPHA mostró imágenes de algunas personas que aprovecharon los disturbios para saquear negocios. En Salónica, la segunda ciudad del país, también hubo enfrentamientos.

AYUDAS A LOS COMERCIANTES / El primer ministro, Costas Caramanlis, en un gesto destinado a evitar las acusaciones de pasividad, prometió que el Estado pagará la mitad de los daños y otorgará generosas ayudas a los comerciantes.

Sin embargo, el líder conservador no dirigió ningún mensaje a los manifestantes, y estos no parece que vayan a calmarse de inmediato. Uno de ellos opinó que los altercados se reducirán en algunos días, pero que estas revueltas habrán sido el germen de «algo ma- yor». Por el momento, los sindicatos han convocado otra huelga general para el día 22 de diciembre y antes, el próximo lunes, el Gobierno deberá defenderse de las acusaciones de corrupción ante una comisión parlamentaria.

Padres orgullosos se suman a las protestas de sus hijos (11/12/2008)

A.M. (Atenas)

Hace 35 años Elena estaba allí, entre los rebeldes. Era una de las estudiantes que se encerraron en el campus de la Universidad Politécnica el 14 de noviembre de 1973 y comenzaron a transmitir mensajes contra la Dictadura de los Coroneles gracias a una emisora de radio fabricada por ellos mismos. Lograron atraer la atención de trabajadores y otros estudiantes que también co- menzaron a manifestarse junto a ellos, hasta que, en la madrugada del 17 de noviembre, un tanque AMX-30 arrolló la verja del campus y los militares acabaron con el levantamiento matando a 24 personas.

Hoy, Elena es una señora de 55 años que mira con ilusión a los jóvenes que protestan en Atenas y en toda Grecia, va a las manifestaciones y grita igual de enfadada que ellos contra el Gobierno. Sus gafas de sol y su ropa denotan que pertenece a la clase media acomodada. Señala a un adolescente que se cubre medio rostro con una bufanda y dice: «Nosotros luchábamos a cara descubierta, pese a que enfrente teníamos a una dictadura. Pero bueno, cada generación tiene sus métodos».

INJUSTICIAS / «Estamos muy orgullosas de ellos, porque están haciendo su propia revolución», dice a su lado Irini: «En los últimos tiempos ha habido muchas injusticias en Grecia y los únicos que las pagan son los trabajadores, los parados y sus familias. Ya es hora de que algo cambie».

«Hemos venido para proteger el futuro de nuestros hijos. Estamos muy descontentos con su situación: las drogas, el trabajo que nos quita horas para estar con ellos, la educación… –se queja Irini–. Aquí comenzó la civilización, pero en la actualidad no existe la cultura, porque las escuelas están enuna situación horrible, no funcionan. Así que nuestros hijos serán carne de cañón para los hijos de los ricos que estudian en Oxford y otras universidades de la élite».

El Gobierno de Caramanlis pretende hacer una reforma para legalizar los centros de educación privados, como exige la Unión Europea, ya que la Constitución de 1975 solo reconoce los diplomas de los centros estatales, pero esto es algo que no toleran los sindicatos de profesores y estudiantes. Lo cierto es que el Estado griego es uno de los que menos invierten en educación de la UE y de ahí derivan, según los manifestantes, los malos resultados educativos. «Los jóvenes de ahora no tienen esperanza en el sistema. Solo les espera el paro o un trabajo precario, sin seguridad social, sin contrato fijo y mal pagado», explica un sindicalista. El paro juvenil supera el 20%.

JUNTOS / Pero si algo ha logrado el Ejecutivo conservador ha sido unir a varias generaciones en una misma lucha. Padres e hijos protestaban ayer juntos frente al Parlamento. Un chaval de unos 16 años ayuda a su padre a subirse a un muro para que haga una foto de la multitud y luego le dice que irá al meollo de la protesta, donde más chicos de su edad gritan a la policía.

«Lo más interesante de estas protestas es que los más jóvenes han sorprendido a toda la sociedad. Los pequeños han logrado hacer actuar a los mayores», opina Panayiotis, un parado de 30 años, asombrado por la ferocidad de los chiquillos de entre 14 y 18 años que arrojan piedras y se acercan a menos de un palmo de los antidisturbios para escupirles en el casco y llamarles «cerdos» y «asesinos» a la cara. «La nueva generación no teme a nada, no parece tener sentido del castigo», sostiene.

Grecia soporta el sexto día de violencia callejera (12/12/2008)

Los estudiantes protestan ante la cárcel donde se halla el policía acusado

Andrés Mourenza (Atenas)

Los estudiantes tomaron ayer las riendas de las protestas que azotan a Grecia por sexto día consecutivo. Cientos de escolares en varios puntos de Atenas y su periferia atacaron comisarías y protestaron ante la cárcel de Korydallos, donde se halla en prisión preventiva el policía acusado de matar al joven Alexis Grigorópulos.

Atenas amaneció como una ciudad casi normal. Los tradicionales atascos volvieron al centro, los empleados a su trabajo, muchos hacían recados y los operarios se esforzaban por completar las reparaciones de los escaparates destrozados. Por la tarde, más de 1.000 estudiantes se manifestaron contra la violencia policial en una marcha que degeneró en altercados entre unos 200 encapuchados y las fuerzas de seguridad.

Los estudiantes de secundaria y los de la universidad rechazan una vuelta a la normalidad. Cientos de institutos permanecieron cerrados y tomados por los alumnos, así como tres de las principales universidades de Atenas. Las rejas del campus central de la Universidad Politécnica estaban ayer cerradas a cal y canto y custodiadas por varios jóvenes con el rostro cubierto que hacían una fogata en el patio. Las calles adyacentes estaban sembradas de coches calcinados por los ataques con cócteles.

Un joven de pelo castaño, cubierto por un gorro y que no quiso identificarse, explicó en buen español: «Estamos jodidos. Yo hablo cuatro lenguas y mi futuro son 700 euros al mes, por eso crece la rabia. La única solución es una revolución social». ¿Y la violencia? «Los bancos son símbolos del capitalismo, hay que quemarlos», respondió sin dudar.

La ocupación de la Universidad de Jurisprudencia parecía la más organizada y democrática. Un grupo de estudiantes hacían una colecta para comprar material farmacéutico con el que combatir los efectos de los gases lacrimógenos, que ya se han instalado en la atmósfera de Atenas después de que la policía utilizase 4.200 bombas de gas en los últimos días. Tantas, que se han agotado las existencias y han tenido que pedir más a Israel.

ASAMBLEA / Otros estudiantes gestionaban la cafetería y el resto acondicionaba el edificio porque muchos duermen en él. «Los visitantes son bien recibidos», aseguró Costas, un asambleario. «Aquí hemos cedido espacio para las reuniones de estudiantes de secundaria y de trabajadores», explicó. Realizan semanalmente una gran asamblea a la que asisten cientos de estudiantes para decidir si continúan o no la ocupación. De momento la respuesta es sí.

Todos se habían informado sobre las manifestaciones en Barcelona, Madrid y otras ciudades europeas . «Tienen que continuar. ¡Necesitamos la ayuda de los españoles!», gritó un estudiante.

«La gente se siente marginada, pero esta violencia es ciega»

A.M. (Atenas)

Crítico con el Gobierno conservador y con el corrupto sistema político griego y exmilitante de la Coalición de la Izquierda Radical (Syriza), que abandonó por maximalista, el profesor Manos Matsaganis llevó ayer a sus alumnos de Erasmus a conocer de primera mano la ocupación de la Universidad de Economía y Negocios de Atenas, en la que trabaja, pese a discrepar con las revueltas que vive Grecia.

–Se opone a las ocupaciones.

–Una minoría en la Federación de Profesores Universitarios nos oponemos a estas acciones porque creemos que están minando la educación: perdemos clases, se han destrozado las infraestructuras, hay miedo. Llevamos tres años de huelgas y protestas por las reformas propuestas por el Gobierno, que se desechan sin un mínimo debate. La universidad griega necesita discutir sus problemas, pero los sindicatos de estudiantes son tan poderosos que han impedido que la gente se exprese, se han vuelto autoritarios y corruptos. Por ejemplo, se han opuesto a una reforma que permitiese a los estudiantes elegir directamente a los rectores, porque ahora son los propios sindicatos los que los eligen.

–¿Cuál es el papel de la izquierda?


–Partidos como Syriza están siendo irresponsables porque justifican la violencia. Hacen propuestas irrealizables, como que el Estado cree 100.000 empleos cuando tiene un déficit económico muy grande. En realidad, estos partidos son conservadores, no quieren un cambio.

–¿Cómo ve un profesor las protestas de sus alumnos?

–Es cierto que la gente ha perdido la confianza en el sistema político, que no tiene expectativas laborales y se siente marginada. Pero en Grecia hay un creciente problema patológico de violencia. Los seguidores de los equipos de fútbol quedan en lugares apartados para pegarse entre ellos, y esta violencia política es igual de ciega.

–¿Seguirán las revueltas?

–Si el Gobierno sigue provocando, sí. Y puede haber una reacción autoritaria. En Patrás, grupos de ultraderecha ayudaban a los comerciantes a defenderse de los manifestantes. Y en Atenas la policía no interviene ante los actos vandálicos para generar repulsa contra todas las manifestaciones.

El estallido de Grecia revela una sociedad harta de sus políticos (14/12/2008)

Andrés Mourenza (Atenas)

«Rabia» es la respuesta más repetida por los manifestantes, especialmente los más jóvenes, cuando se les pregunta qué les ha llevado a ocupar las calles y los centros educativos de Grecia en una gran revuelta cuya chispa fue la muerte del joven Alexis Grigorópulos a manos de la policía, el pasado día 6.

Los tertulianos de la prensa y las televisiones intentan explicarse el sentido de esa «rabia» explosiva: desconfianza, falta de expectativas, marginación… son las razones que se dan. «La gente ha perdido la confianza en la política por los escnádalos de corrupción y la mala gestión. Esto debilita al Ejecutivo, lo que hace aún más difícil que consiga gobernar», explica a este diario el politólogo George Pagulatos. En palabras simples: un círculo vicioso.

CRECIMIENTO DEL 4% / Desde mediados de los años 90, Grecia ha liderado las estadísticas de crecimiento de los países de la zona euro con un índice superior al 4% anual, pero los sindicatos se quejan de que los beneficios empresariales han ascendido a un ritmo mucho mayor que los salarios. Además, el crecimiento de los últimos años se ha basado en gran parte en las grandes obras derivadas de las Olimpiadas del 2004 y en las ayudas europeas.

Ninguno de los dos partidos que se han alternado en el poder desde el fin de la dictadura de los coroneles en 1975, Nueva Democracia (ND, conservador) y el Movimiento Panhelénico Socialista (PASOK, socialdemócrata), se ha atrevido a emprender las reformas necesarias para solventar los problemas estructurales de la economía griega.

Quizás el más urgente y el que más desconfianza genera es la corrupción rampante. La organización Transparency International sitúa a Grecia entre los países europeos más corruptos. Algunos comentaristas, como el liberal Nikos Pirunakis, definen la política griega como un sistema clientelar de «votos por favores». Un ejemplo es la aerolínea de bandera Olympic Airlines, recomprada por el Estado al magnate Aristóteles Onassis en 1973, y que los partidos en el Gobierno han utilizado para atraer votos dando puestos en la compañía o regalando vuelos a sus votantes. Estas prácticas la han llevado prácticamente a la bancarrota, lo que ha forzado al actual Gobierno a proponer su privatización.

MERCADEO DE FUNCIONARIOS / A pesar de las promesas de reducir el gran déficit del Estado, el Gobierno del primer ministro, el conservador Costas Caramanlis, ha contratado a 55.000 nuevos funcionarios durante sus cuatro años en el poder. «La creación de puestos de trabajo en el sector público reservados a sus votantes ha sido siempre un instrumento de los partidos griegos para ganar apoyos de forma clientelar. Esta práctica disminuyó durante el gobierno de Costas Simitis [1996-2004, socialdemócrata], pero con ND se ha vuelto a incrementar», dice Pagulatos.

Un español residente en Grecia denunciaba recientemente en su blog Valencia y che que, en los hospitales públicos, los pacientes deben entregar sobornos, conocidos como fa- kelaki, para ser atendidos y que, en las universidades, los profesores, en connivencia con los poderosos sindicatos de estudiantes, aprueban más fácilmente a los alumnos que pertenecen a su mismo partido político.

En los últimos dos años, cuatro ministros del Gobierno de Caramanlis han tenido que dimitir por escándalos de corrupción. El último, relacionado con la venta ilegal de terrenos al monasterio de Vatopedi, que ha costado 100 millones de euros a los contribuyentes, será abordado mañana por el Parlamento.

El sistema de pensiones es, como en el resto de Europa, tabú. Ningún Gobierno se atreve a tocarlo a pesar de su desequilibrio (trabajadores de un mismo sector pueden jubilarse con 1.800 euros de pensión o 350 según la empresa para la que trabajen) y su tremendo coste: en el 2050 supondrá el 25% del PIB y deberá ser pagado por una generación que hoy cobra unos 700 euros mensuales, no tiene contrato y está afectada por el 20% de paro.

El periodista John Psarópulos, en Athens News, advierte: «Hay una creciente radicalización política de la sociedad griega debido a que no se siente satisfecha con los políticos, siente que el Gobierno es incompetente, crece la inseguridad y todo esto se agrava con la crisis económica, que aún no ha comenzado a golpear». Pero además, Psarópulos avisa de que «Grecia no está muy por detrás de otros socios del sur de Europa».

LAS SAGAS DEL PODER

LOS JÓVENES GRIEGOS NO SOLO SE QUEJAN DE LA FALTA DE EXPECTATIVAS LABORALES, SINO TAMBIÉN POLÍTICAS. UN PUÑADO DE FAMILIAS SE REPARTEN EL PODER DESDE HACE MÁS DE UN SIGLO.

VENIZELOS
Eleftherios Venizelos dominó el sector liberal de la política griega en los últimos años del siglo XIX y en el primer tercio del siglo XX, y fue siete veces primer ministro. Su hijo Sofoklis fue primer ministro en tres gobiernos en los años 40 y 50.

PAPANDREU
La saga comenzó con Georgios Papandreu, ayudante de Venizelos desde la primera guerra mundial y primer ministro en tres gobiernos liberales en los años 40 y 60. Su hijo Andreas, socialista, gobernó 11 años en los 80 y los 90. El nieto, Georgios Júnior, es el actual jefe de la oposición socialista tras haber ocupado varios puestos ministeriales.

CARAMANLIS
Constantinos Caramanlis dominó las filas conservadoras desde la segunda guerra mundial, fue primer ministro durante 14 años en diferentes ocasiones y presidente de la República durante 10 años. Su sobrino Costas es el actual primer ministro y está en su segundo mandato.

MITSOTAKIS
Emparentada con los Venizelos, la familia ha dado políticos a varios partidos de Gobierno desde el inicio del siglo XX, incluidos el primer ministro conservador Constantinos Mitsotakis (1990-93) y la actual ministra de Asuntos Exteriores, Dora Bakoyannis.

Grecia retoma la protesta, ¿y España?

Andrés Mourenza

“Hablo 4 lenguas y mi futuro es un trabajo de 700 euros. Estamos jodidos”, decía en un español casi perfecto un joven cubierto por un gorro negro, integrante de las protestas que recorrieron Grecia durante tres semanas en diciembre y se retomaron el pasado día 9 de enero. Su solución a los problemas: “la revolución social”. Su justificación de la violencia: “los bancos son símbolos del capitalismo y hay que quemarlos”, un síntoma de la radicalización de la juventud griega.

Lo cierto es que la revuelta ha asustado, y no poco, a los líderes políticos. El primer ministro griego, Costas Caramanlis, destituyó la pasada semana a 9 de sus 16 ministros para lavar su imagen. Expertos y analistas comienzan a criticar la creciente brecha que se está creando entre la generación que ahora ostenta sólidas posiciones económicas y la de sus hijos, abocada al trabajo precario. Por ejemplo, el columnista John Psaropoulos se quejaba de que el debate sobre las pensiones en Grecia “muestra la poca disposición de los griegos para asumir los costes que provoca una generación en la siguiente”. Se trata de esa generación que algunos estudios en Estados Unidos han bautizado como generación boomerang, pues, por primera vez en varias décadas, vivirá peor que sus padres a pesar de haber crecido en un oasis de abundancia. Y es ese miedo a la proletarización el que azuza a los manifestantes griegos.

Es cierto, como señala el filósofo y profesor de la Universidad Pompeu Fabra Francisco Fernández Buey, que Grecia acumula una serie de factores autóctonos que han desatado la revuelta. “La muerte del adolescente Alexis Grigoropulos fue sólo la gota que colmó el vaso”, explica el periodista griego Ioannis Mantas. Sin embargo, la “jodida” situación de la que hablaba el estudiante del gorro negro no es exclusiva del país heleno: España, por ejemplo, es el único país de la OCDE (que agrupa a países tan dispares como Turquía, México o Finlandia) en el que durante la bonanza económica se redujo el poder adquisitivo de sus ciudadanos, además de tener los mayores índices en la UE de desempleo (11,33 %) y temporalidad laboral (que afecta a uno de cada tres trabajadores españoles). Respecto a la media de horas trabajadas, España (1.800 por persona y año) no anda a la zaga de Grecia (1.900) y ambos son escasamente productivos.

“Aquí también hay un malestar difuso y generalizado entre los jóvenes, que contrasta con la euforia de las autoridades académicas y políticas cuando estamos en plena crisis económica”, dice Fernández Buey. Los manifestantes griegos critican la lógica neoliberal que ha provocado la crisis y también los planes de rescate de la banca con dinero de los contribuyentes: “El gobierno da dinero a los mismos bancos que nos roban, en lugar de a los parados, que cada vez son más”, denunciaba Irini, una profesora griega. “Para mí, la revuelta griega es lógica y ejemplar”, afirma Arcadi Oliveras, presidente de la ONG Justicia i Pau, “lo extraño es que no se haya producido también en otros países de la UE”.

En cierto modo, la protesta de Grecia asemeja a la de la banlieue parisina en 2005 por su carácter antisistema -aunque en Francia se trataba de inmigrantes excluidos y en Grecia de la clase media que se siente ahora cada vez más excluida- y porque también la chispa que prendió ambas fue el fallecimiento de jóvenes tras una cuestionable actuación policial. No extraña pues, que, tras la muerte del estadounidense de origen hispano Oscar Grant el pasado 1 de enero, cientos de manifestantes tomasen las calles de Oakland (EEUU) y se enfrentasen a la policía para protestar contra “los asesinatos de Oscar Grant y Alexis Grigoropoulos”.

Y es que en los tiempos de internet, las noticias locales se convierten fácilmente en globales y de ahí que las muestras de apoyo a la revuelta griega se hayan internacionalizado. “La comunicación se produce a través de internet, pero también existen federaciones y asociaciones que se reúnen periódicamente para coordinarse”, explica Oliveras, experto en movimientos sociales.

Con todo, la mayoría de analistas coincide en que la revuelta de Grecia está lejos de reproducirse en nuestro país, como asegura el ex rector de la Universitat Politecnica de Catalunya Josep Ferrer. Una de las razones que da es que grandes movilizaciones como la que critica el Proceso de Bolonia no han conseguido arrastrar a una mayoría de los estudiantes universitarios. Tampoco el sociólogo Javier Elzo prevé un efecto dominó: “los jóvenes griegos tienen un nivel de vida mucho menor que el de otros jóvenes europeos. Además en España los movimientos de protesta son muy limitados”. “Lo que veo de común es que hay muy poca sensibilidad a las demandas de los estudiantes. Que sea sólo una vanguardia de estudiantes no le quita razón, todo movimiento social alternativo comienza siendo minoritario”, opina Fernández Buey.

Como el movimiento antiglobalización, la revuelta de Grecia está compuesta por grupos bien diversos. Por un lado los adolescentes que acuden a las manifestaciones -con sus teléfonos móviles último modelo- sin una ideología clara, sino por la rabia que causa el asesinato de uno de los suyos. Por otro lado se encuentran los partidos políticos, especialmente el Partido Comunista de Grecia (KKE), la Coalición de la Izquierda Radical (SYRIZA) y la izquierda extraparlamentaria, junto a sindicalistas y estudiantes con claras simpatías políticas. Finalmente se encuentran los que en Grecia llaman “desconocidos habituales”, miembros de grupos pseudo-anarquistas que desde hace años se enfrentan periódicamente a la policía.

Éstos últimos ganaron un fuerte ascendente sobre los manifestantes en los primeros momentos de la protesta y, no en vano, lo que más sorprendió a los comentaristas extranjeros fue el nivel extremo de violencia. Es más, el día 12 de diciembre, cuando la policía comenzó a perseguir a un grupo de estudiantes que les lanzaba piedras, algunos adultos que tomaban tranquilamente café en una terraza dejaron su descanso para enfrentarse a la policía y defender a los manifestantes. Una muestra del nivel de hartazgo de la sociedad griega. Estos jóvenes son los que han crecido con las violentas películas, series de televisión y videojuegos promocionados por el mismo sistema contra el que protestan. Por decirlo con una frase de Karl Marx: “cada sistema crea el germen de su propia destrucción”.

Las protestas se retomaron el pasado día 9 “de forma más pacífica”, relata Ioannis Mantas. Según este informador, un hecho ha cambiado el curso de la revuelta: el pasado día 5 un joven policía fue herido por los disparos de kalashnikov de un comando del grupo armado ultraizquierdista Lucha Revolucionaria, que también atacó un convoy de policía el pasado 23 de diciembre. “La revuelta podría irse calmando -dice Mantas- aunque aún se prolongará durante unos meses más, ya que la mayoría de la sociedad griega apoya a los manifestantes pacíficos”.

“Lo interesante del caso griego es que una protesta estudiantil se ha convertido en una revuelta social y por eso se ha producido tanta alarma”, analiza Reyes Mate. De acuerdo a este filósofo del CSIC, en las sociedades europeas existen unas “condiciones objetivas” similares para los jóvenes y las identifica en la competitividad, la crisis y “el esquema intelectual extremadamente rígido y asfixiante en el que nos movemos y que puede crear un caldo de cultivo para las revueltas”. “Lo que no hay en España son las condiciones subjetivas: una cultura crítica como la que había en el 68, y eso dificulta el que el malestar pueda convertirse en revuelta social”, concluye.

(Crónicas y reportajes aparecidas en ‘El Periódico de Catalunya’ y el ‘Cuaderno del Domingo’ en los meses de diciembre de 2008 y enero de 2009)

2 respuestas a Revuelta juvenil 2008

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