Yorgos Papandreu

Perfil electoral: Abierto, anglosajón y ecologista (05/10/09)

La dinastía Papandreu vuelve al poder en Grecia con el tercer primer ministro de la saga. Después de Yorgos y Andreas, la hora ha llegado para Yorgos Papandreu junior. Nacido en 1952 en EEUU, donde su padre se había exiliado y trabajaba como profesor universitario, el nuevo presidente del Gobierno griego se educó en algunas de las mejores universidades anglosajonas del mundo y, de hecho, su nivel de inglés es considerablemente superior a su griego, lo que le ha acarreado no pocas chanzas de sus adversarios políticos.

Regresó a Grecia en 1974 con la reinstauración de la democracia para servir en las filas del PASOK. Yorgos fue nombrado por su padre ministro de Educación y Asuntos Religiosos en 1988, puesto desde el que introdujo medidas de discriminación positiva hacia la minoría musulmana.

En el segundo periodo de Gobierno del PASOK, ya bajo las órdenes del primer ministro Costas Simitis, fue nombrado ministro de Asuntos Exteriores, cargo que conservó entre 1999 y 2004 y desde el que dirigió la mejora de las relaciones con Turquía gracias a la amistad que le unía con su entonces homólogo turco, Ismail Cem. De hecho, durante la campaña electoral prometió continuar apoyando la candidatura de Turquía a la UE.

La prensa lo considera un político de mentalidad abierta y con talante para el diálogo, aunque la mayoría de los griegos lo ven un tanto soso. Amante de la bicicleta y la naturaleza, ha logrado introducir el debate ecológico en la campaña electoral.

Sin miedo a nada (03/11/11)

«Chantajista, señor del caos, inepto, irresponsable». Estos son algunos de los bellos epítetos que ayer dedicaron la prensa y la oposición al primer ministro griego, el socialista Yorgos Papandreu, tras su sorprendente decisión de convocar un referendo sobre el último plan de rescate europeo.

Papandreu (Minnesota, 1952) ha crecido a la sombra de su padre, Andreas, y su abuelo Yorgos sénior, dos monstruos de la política conocidos por su carácter tiránico y su nepotismo. Colocado en la senda política por su progenitor, Yorgos júnior trató de crecer como un político honesto –hace poco su hijo se quejó de no poder encontrar trabajo– y dialogante. Incluso soñador. Al llegar al Gobierno en el 2009 pretendía modernizar el país; hacerlo más ecológico (es un gran deportista y ama la bicicleta); acabar con la perenne corrupción del país y mejorar la participación democrática. De hecho, le precedía su paso por el Ministerio de Exteriores, un puesto donde llevó a cabo lo que muchos consideraban una entelequia: normalizar las relaciones con el eterno enemigo del país, Turquía.

Sin embargo, tras la imagen apocada y débil que muchos griegos tienen de él, se descubre a un hombre valiente, que ha demostrado en muchas ocasiones no amedrentarse en los momentos más críticos. No lo hizo cuando, tras el golpe de Estado de 1967, la policía entró en casa de los Papandreu y, uno de los agentes, apuntando con una pistola al pequeño Yorgos, de 13 años, le amenazó: «Dime dónde está tu padre o disparo». Tampoco cuando en plena crisis de liderazgo en el Partido Socialista Panhelénico (PASOK), Evangelos Venizelos, actual ministro de Finanzas, le disputó el puesto en el 2007. Papandreu aceptó el envite y salió vencedor (a través de elecciones primarias).

De ahí que, quienes conocen bien al mandatario heleno, digan que tras la «peligrosa» convocatoria del referendo hay una decisión «inteligente». Como afirmaba ayer el periódico conservador Kathimerini, así ha puesto de manifiesto «la hipocresía de la oposición»: el partido conservador Nueva Democracia, que criticaba el acuerdo con la UE como una pérdida de soberanía griega, ahora teme que la consulta lleve a la salida de la zona euro; y la coalición izquierdista SYRIZA, que antes pedía un referendo sobre el paquete de ayuda, ahora dice que la única solución es anticipar las elecciones.

Hay también quienes creen que la decisión de Papandreu es un órdago a la UE para forzar a renegociar el paquete de ayuda –que incluye nuevos y duros recortes sociales para una población exhausta– en unos términos más favorables a Grecia.

Aún así, esta vez Papandreu se ha saltado por alto la que viene siendo su norma habitual: consultar todas sus decisiones con el máximo número de personas. La apuesta por el referendo solo la conocían tres ministros, muy cercanos y entre aquellos a los que pilló por sorpresa estaba Venizelos, que estos días ha pasado por el hospital debido a sus problemas estomacales, y quien, a pesar de haber defendido una consulta popular, sigue siendo uno de los principales adversarios de Papandreu dentro del partido (es un secreto a voces que ansía ser primer ministro). Pero es que actualmente el PASOK es un nido de víboras en el que al primer ministro le cuesta maniobrar.

La decisión de Papandreu de convocar un referendo fue tomada probablemente el pasado 28 de septiembre, justo un día después del acuerdo con Bruselas y cuando se celebra en Grecia el Día del No, que conmemora la oposición helena a la violación de soberanía que supuso la invasión nazi-italiana. Ese día, varias protestas impidieron la celebración de los tradicionales desfiles militares. Abrumado por la presión de la calle, Papandreu debió pensar que si los griegos tienen que volver a decir que no, «mejor que sea en las urnas».

La caída: de la crisis de la deuda al órdago del referéndum (13/12/11)

Mucha gente en Grecia recordará el 2011 como el año en que la crisis de la deuda se llevó por delante muchos de sus puestos de trabajo, incluyendo al del primer ministro, el socialista Yorgos Papandreu.

El líder del Partido Socialista Panhelénico (PASOK), que accedió al gobierno en 2009 con el lema “¡Hay dinero!” sólo para darse cuenta de que la anterior administración conservadora había dejado un inmenso agujero en las cuentas públicas, se vio obligado por los acreedores de Grecia a imponer impopulares medidas de ajuste.

En septiembre, el gobierno anunció que desde el año 2010 se han eliminado los puestos de unos 200.000 funcionarios -a base de despidos de trabajadores con contratos temporales y jubilaciones anticipadas- y se anunció el pase a la reserva de otros 35.000. El resto vio eliminadas sus pagas extra y reducidos los salarios en un 15%, tras una primera reducción del 12% un año antes. Pero también las pensiones fueron rebajadas entre un 20 y 40%. Además, se elevó el IVA de los productos básicos (2% más) y la restauración (10% más), el precio del transporte público (40% más), las licencias de automóviles (20% más) y las facturas de agua, gas, electricidad y teléfono (entre 2 y 10% más). También se crearon varios impuestos de emergencia: uno solidario, que eleva el gravamen de las rentas entre un 1 y 5%; otro sobre las viviendas que deben pagar entre 4 y 12 euros por metro cuadrado, y una contribución adicional anual de 300 euros para los autónomos. Igualmente se cerraron hospitales y se redujo el gasto en Educación para frenar el déficit público.

Papandreu instó al país a escoger entre “el camino duro del cambio o la catástrofe”, dando a entender que al país no le quedaba más remedio que asumir los recortes. Pero éstas medidas no han impedido el aumento del déficit (rondará el 9% a final de año) ni han creado confianza en los acreedores, a la vez que han empobrecido considerablemente al país. Unos 60.000 pequeños negocios han cerrado y varios miles de trabajadores llevan meses sin cobrar sus salarios por las dificultades económicas que atraviesan sus empresas. El paro ha superado el 18% y también ha crecido el número de personas que se han quedado sin hogar.

Los sindicatos consideran que se está haciendo pagar a quien no tiene la culpa de la crisis por lo que convocaron siete huelgas generales en 2011, decenas de paros sectoriales y cientos de protestas, algunas de las cuales culminaron en graves disturbios. Incluso surgió un movimiento ‘indignado’, a semejanza del español, que durante semanas ocupó la simbólica plaza Syntagma.

En junio, ante los rumores de una inminente quiebra del país, Papandreu ofreció la formación de un gobierno de unidad nacional, lo que el líder conservador Antonis Samarás rechazó, exigiendo la derogación de las medidas de austeridad. Así que el primer ministro socialista remodeló el gobierno dando entrada en el Ministerio de Finanzas a su principal rival dentro del PASOK, el hasta entonces ministro de Defensa, Evangelos Venizelos.

La mayor sorpresa llegó con el nuevo acuerdo de rescate pactado con la Unión Europea el 26/27 de octubre, que le aportó a Grecia un nuevo préstamo de 130.000 millones de euros y una quita del 50% de la deuda en manos de entidades privadas, a cambio de más ahorro. Entonces, y ante el creciente descontento popular, el dirigente heleno anunció la convocatoria de un referendo sobre el acuerdo con Bruselas, algo que pilló desprevenida a la UE y a su propio partido, que vivió una verdadera rebelión interna. Finalmente, pudieron las presiones de los socios europeos -a quienes Papandreu llegó a asegurar que podía ser víctima de un golpe de Estado -y la consulta fue cancelada.

Pero su destino estaba sellado y presentó la dimisión tras llegar a un acuerdo con la conservadora Nueva Democracia y el ultraderechista LAOS para formar un gobierno de unidad, dirigido por el ex vicepresidente del Banco Central Europeo Lukás Papadimos. El nuevo ejecutivo se planteó como un gobierno de transición con el objetivo de ratificar las medidas exigidas por la UE, como demostró con su draconiano presupuesto para el año 2012. Según las encuestas, el 80% de los griegos consideran positiva la dimisión de Papandreu, y el 70% apoya un gobierno de unidad.

Textos escritos para El Periódico de Catalunya y la Agencia EFE en octubre de 2009, noviembre de 2011 y diciembre de 2011.

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