Evangelos Venizelos

El líder socialista Evangelos Venizelos nació en 1957 en Salónica, la segunda ciudad griega, donde cursó Derecho, estudios que completó con un doctorado en la Universidad París II. En la década de 1980 comenzó a dar clases de Derecho Constitucional en la Universidad de Salónica y ocupó varios altos cargos en instituciones del Estado, pero su salto a la fama llegó gracias a su apasionada defensa del primer ministro Andreas Papandréu (padre de Yorgos), cuando éste fue acusado de corrupción en 1989 y salvó la condena por un sólo voto de los magistrados. La oratoria de Venizelos llamó la atención del veterano Papandréu que lo incluyó en las listas del PASOK, por el que fue elegido diputado en 1993. Desde entonces ha ocupado ocho carteras ministeriales: Prensa, Transporte, Justicia, Cultura, Desarrollo, nuevamente Cultura, Defensa y Finanzas.

Tras la segunda derrota electoral consecutiva del PASOK en 2007, Venizelos retó a Yorgos Papandréu por el liderazgo del partido, pero fue estrepitosamente derrotado en elecciones primarias. La revancha le llegó el pasado noviembre cuando una revuelta interna en el PASOK y la oposición de Bruselas a la idea de un referéndum defenestraron a Papandréu.
Venizelos fue nombrado viceprimer ministro del gobierno de unidad presidido por el exbanquero Lukás Papadimos y se impuso en las elecciones primarias socialistas, eso sí, esta vez sin contrincante.

Más realista que Samarás, Venizelos ha reconocido que después del 6 de mayo de 2012 será necesario pactar otra coalición, pero ha pedido un voto masivo al PASOK para que sea éste quien lidere el cumplimiento de las medidas exigidas por Bruselas de una manera “sincera y honrosa”.

Venizelos está casado y tiene una hija. Habla inglés y francés.

Los apuros del gordo y el flaco (Venizelos vs. Papandreu) (2-10-2011)

Por ANDRÉS MOURENZA

Como en aquel ya mítico anuncio de Mitsubishi –«¿Y Franco qué opina de esto?–», si se le preguntase a un anciano griego de las montañas qué piensa de que en su país manden Papandreu y Venizelos –mandar es un decir, mejor dicho administran los resquicios de soberanía que les dejan la UE, Alemania, el FMI y los mercados–, éste respondería: «Como siempre». Ya lo hacían en la década de 1920 aunque era un Papandreu, Georgios, el abuelo homónimo del actual primer ministro, el que lo hacía a las órdenes de Eleftherios Venizelos, el líder liberal de la época.
En realidad, la situación actual es un espejismo: Georgios Papandreu júnior (Minnesota, 1952) sí pertenece a una saga de políticos que ha dirigido Grecia desde principios del siglo XX, pero no así su poderoso ministro de Finanzas, Evangelos Venizelos (Salónica, 1957), que a pesar de vestir el mismo apellido no forma parte de la famosa familia venizelista. El ministro lo tuvo que aclarar en su blog –una modesta bitácora de la plataforma gratuita Blogspot– y también tuvo que explicar su origen familiar cuando un periodista conservador escribió que su apellido verdadero era Turkoglu (hijo de turco) y que había llegado a Grecia tras el intercambio de población con Turquía en 1923.

Una familia de curas

Del mismo modo que hacen los conversos y los que dejan de fumar, Venizelos tuvo que mostrarse más papista que el Papa y reivindicar su helenicidad cristiana alegando que procede de una familia de curas. También fue uno de los padrinos del movimiento nacionalista que promovió el embargo y el veto griego que todavía persiste sobre el nombre de Macedonia, pues, según aseguran, la intención de este joven estado exyugoslavo es apoderarse del legado y el territorio de la antigua Macedonia helenística, así como de la figura de Alejandro Magno. Cabría preguntarse qué pensará en su tumba el gran héroe de tan provincianas actitudes.
Papandreu, en cambio, es más abierto al mundo: de hecho nació en Minnesota y estudió en Estados Unidos, Canadá, Suecia e Inglaterra durante los largos exilios de su padre. Incluso sus rivales se reían de él poque según decían sabía manejar mejor el inglés que el griego. Hasta que heredó el timón del Gobierno heleno y se dio cuenta de que alguien había robado la caja registradora, era un hombre con sueños de cambio. Pretendía modernizar el país, hacerlo más ecológico –es un gran amante de las bicicletas– y trocar la anquilosada política griega por un modelo participativo. Quizá se deba a que, desde niño, fue siempre más cercano a su madre –una feminista estadounidense– que a su padre, Andreas, verdadero homo politicus en el sentido maquiavélico. Él apostó por un liderazgo suave: «Quizá la gente diga que eres débil (…) pero yo haré las cosas a mi modo, de un modo más democrático». También al contrario que su padre, quien levantó el escándalo al casarse en terceras nupcias con una azafata a la que doblaba la edad, Georgios Papandreu solo se casó dos veces y siempre con mujeres aceptables para la conservadora sociedad griega.
La carrera en Grecia es de fondo y Papandreu se prepara para ella. «Es un gran deportista, siempre trata de sacar algo de tiempo libre para ir al gimnasio o correr», explica un perio- dista cercano. A pesar de que ahora la mayor parte de su tiempo lo ocupe el peregrinaje de capital en capital, mendigando ayudas para su maltrecha economía. El primer ministro griego siempre ha sido un hombre pausado, dialogante, que consulta todas sus decisiones. Sin embargo, detrás de ese aspecto inofensivo se oculta un hábil estratega (a fin de cuentas, sigue siendo un Papandreu). Ofrecerle el puesto de ministro de Finanzas, el oficio menos popular de Grecia, a Evangelos Venizelos –un enemigo político que le había disputado el liderazgo del partido socialista en el 2007– fue como una de esas perrerías que le hacía el flaco Stan Laurel al gordo Oliver Hardy. La copa envenenada, que Venize-
los no podía rechazar, servía además para acallar a la facción del PASOK que requería la dimisión de Papandreu por los recortes sociales. Pero Venizelos es un dinosaurio dentro del partido, y como aquellos reptiles de antaño, políticamente longevo. Es extremadamente inteligente y culto, tanto que, durante una visita a San Petersburgo, cuando el guía de la delegación se quedó sin voz, fue él quien continuó explicando los monumentos de la ciudad rusa.

El fracaso de las dietas

Desde 1993 ha dirigido nueve carteras ministeriales y su deseo es gobernar Grecia. Peso pesado dentro del partido –literal y figuradamente (los diversos intentos de hacer régimen nunca han dado resultado: le pierde la comida)–, Venizelos es mucho más arrogante que Papandreu y rechaza consultar sus decisiones con nadie. Pero es que son dispares en casi todo: el afrancesado, sedentario, nacionalista y temperamental Venizelos frente al anglófilo, deportista, internacionalista y dialogante Papandreu. No obstante, el coche en el que viajaban juntos se ha parado en medio del desierto, y al gordo y al flaco de Grecia no les ha quedado más remedio que arremangarse y ponerse a trabajar juntos.

Artículo aparecido el 2 de octubre de 2011 en El Cuaderno del Domingo de El Periódico de Catalunya

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