Medios de comunicación

Pluralismo, crisis y clientelismo en los medios griegos (Capçalera)

La pequeña Grecia, con apenas 11 millones de habitantes, disfruta de un panorama mediático muy amplio y variado, aunque, debido a los cambios políticos y económicos de la década de 1990, los principales propietarios de medios de comunicación –los llamados ‘barones’- han desarrollado unas relaciones perniciosas con el poder político. La crisis de la deuda soberana, además, está repercutiendo muy negativamente en el sector y pone en peligro la supervivencia de esta pluralidad de cabeceras y canales.

Versión publicada en catalán

Andrés Mourenza

Una soleada mañana de mayo del pasado año (2010), cuando la deuda soberana helena estallaba en las manos del gobierno de Yorgos Papandreu, una docena de emigrantes albaneses de la Plaza Omonia de Atenas observaba con atención los numerosos diarios griegos que, como es tradición, los quiosqueros cuelgan de una cuerda con pinzas de tender la ropa en el exterior de los puestos de venta. A falta de unos euros para comprar el periódico, los albaneses seguían en los titulares de portadas la evolución de una crisis que, según afirmó recientemente el semanario albanés Tirana News puede tener consecuencias geopolíticas si -a través de los cientos de miles de inmigrantes balcánicos presentes en Grecia y de los varios bancos griegos presentes en toda la región- la debacle financiera se extiende a unos estados balcánicos política y económicamente frágiles.

A pesar de que la República de Grecia cuenta con apenas 11 millones de habitantes, sus ciudadanos disfrutan de un vasto panorama mediático con 22 diarios de información general, 5 financieros, 13 deportivos y 30 publicaciones semanales a nivel nacional. Además, existe otro par de centenares de rotativos regionales en un territorio que, con unas 3.000 islas, es de difícil articulación. Hay unos 150 canales de televisión y aproximadamente mil emisoras de radio, además de 5 agencias de noticias.

Se dice que el periodismo político corre por las venas de los griegos y, en verdad, la variedad ideológica de la prensa griega -especialmente la escrita y la online- es apabullante, símbolo de la historia reciente del país, que en el siglo XX estuvo repleta de vaivenes: inició el siglo luchando por la independencia total del Imperio Otomano, participó en las dos guerras mundiales y en varias regionales; sufrió seis dictaduras y una guerra civil, además de la ocupación italiana y nazi; pasó por dos periodos monárquicos y dos republicanos y por Atenas desfilaron 101 gobiernos.

Tras el retorno definitivo a la democracia en 1974 y la entrada en la Unión Europa en 1981, se inicio una modernización sin precedentes en el sector mediático griego que desencadenó un aumento del número de cabeceras y de las ventas totales de la prensa griegas, sobrepasando el millón de copias diarias vendidas en 1989, año clímax del periodismo escrito en Grecia. Durante esa época dorada, los rotativos se erigieron en verdadero cuarto poder al destapar varios casos de corrupción del gobierno de Andreas Papandreu (padre del actual primer ministro), que le obligaron a dimitir de su cargo.

Paralelamente, igual que en el resto de Europa, se inició la liberalización del sector audiovisual, hasta entonces controlado por los canales estatales. En 1987, las radios municipales iniciaron sus emisiones sin licencia y un año más tarde lo hicieron las privadas. 1989 fue el año de las primeras emisiones televisivas no estatales, con la cadena del Ayuntamiento de Salónica (la segunda mayor ciudad de Grecia) como pionera. A finales de ese año, la presión de las empresas privadas y de Bruselas obligó al Estado a abrir el espectro audiovisual que, en pocos años, se convirtió en una plétora de canales. Actualmente, existen unas 150 cadenas de televisión analógica y digital, aunque  dominada por 5 grandes canales privados. ERT, el ente público, posee 10 canales de televisión y 5 de radio y, aunque la audiencia lo abandonó durante la década de los 1990 debido a su utilización como medio de propaganda gubernamental, en los últimos años ha mejorado su cuota de pantalla y oyentes.

Hasta la liberalización en el sector de las comunicaciones había una identificación clara de cada periódico con los partidos políticos, cuya reminiscencia es actualmente el diario Rizospastis que aún se publica con la divisa “Órgano del Comité Central del Partido Comunista de Grecia”, tercera formación política griega y que posee también la emisora Aristera sta FM y el canal 902 TV.  El desarrollo de los medios audiovisuales hizo que la prensa se desvinculasen parcialmente de los partidos buscando atraer un público mayor. Sin embargo, esto no aminoró la marcha de lectores. Aunque aumentó el número de publicaciones hasta 27 en el año 2000 (ahora son nuevamente 22), el número de copias diarias vendidas ha descendido por debajo del medio millón. La primera y principal causa fue la entrada de la televisión privada en los hogares griegos y, en los últimos años, el advenimiento de la prensa online y las redes sociales. Actualmente, cerca del 92 por ciento de la población activa de Grecia dispone de una cuenta en alguna red social y, según una encuesta de MRB Hellas, tres de cada cuatro cibernautas griegos asegura que utiliza estos sitios web para informarse y discutir sobre las noticias de actualidad.

Diaplokí: interrelaciones y clientelismo

La desideologización que vivieron los medios en los años 90 fue sustituida por lo que los griegos llaman diaplokí: las interconexiones entre los propietarios de los grandes conglomerados mediáticos y el poder político. El primero en utilizar este término fue el primer ministro conservador Constantinos Mitsotakis quien, tras perder el poder en 1993, acusó de su derrota a la alianza entre los medios de comunicación y los socialdemócratas del PASOK. Efectivamente, poco antes de dejar el poder en 1989 y aprovechando la liberalización, Andreas Papandreu se había asegurado de otorgar las licencias de las nuevas radios y televisiones a empresarios cercanos a su partido (e igual hicieron los conservadores de Nueva Democracia durante sus mandatos). De esta forma, la tradicional estructura familiar de la política griega, dominada por unas pocas familias de apellidos bien conocidos (Papandreu, Caramanlis y Mitsotakis, principalmente) se reprodujo en los medios de comunicación, dominados por empresarios bien conocidos y no sólo dedicados al negocio de la prensa:  Aristedes Alafouzos (Grupo Kathimerini-Skai), Cristos Bobolas (Grupo Pegasus), Minos Kyriakou (Grupo Antenna), Cristos Tegopoulos (Tegopoulos Editions), la familia Lambrakis (Grupo Lambrakis), el matrimonio entre el multimillonario Teodoro Angelopoulos y la presidente del Comité Organizador de los JJOO de Atenas 2004, Gianna Angelopoulou-Daskalaki (ex propietarios del grupo Eleftheros Typos) o las familias Vardinoyannis y Kokkalis (propietarias de sendos imperios empresariales con intereses en los medios de comunicación y el fútbol). Estos “barones de los medios” no sólo han tejido relaciones con el poder político sino también entre ellos mismos y el mejor ejemplo es el accionariado del canal MEGA –el más visto del país-, que se reparten Lambrakis, Bobolas,  Tegopoulos  y Vardinoyannis. Uno de los favores recientes más controvertidos que hizo el poder político a los grandes grupos mediáticos fue el cierre en 2001 de 60 pequeñas y medianas emisoras de las 90 que operaban en la FM de la región de Atenas.

“El gobierno creó un monstruo. Ahora, los políticos están controlados por aquellos poderes económicos a los que se permitió crecer. El gobierno no controla a los propietarios de las tres o cuatro mayores cadenas de televisión y radio, sino que es controlado por ellos. Hay un equilibrio de terror: los medios no atacan al gobierno mientras sus propietarios reciban comisiones del Estado, como licitaciones de obras y contratos. Y este equilibrio es el que afecta a la calidad de la información y crea la opinión pública”, opina el periodista político Alexandros Velios en uno de sus escritos.

Como señala el investigador Nikos Leandros, de la Universidad Panteion de Atenas, a pesar de los diversos intentos de regular el sector durante los últimos veinte años, la dirección que ha tomado la estructura de propiedad de los medios es patente: según el Índice Herfindahl-Hirschman, que se utiliza para medir el grado de concentración en un mercado, Grecia ha pasado de obtener una puntuación de 0,1126 en 1990 a una de 0,1566 en 2008 o, lo que es lo mismo, ha pasado de ser un mercado mediático competitivo a uno de concentración moderada. “En muchos países europeos, el problema de la concentración de la propiedad de los medios ha evolucionado en un clima de indiferencia pública. En Grecia, al contrario, estos temas son centrales en el debate público”, asegura Leandros: “Aún así, el sistema político ha fracasado en sus intentos de poner freno al incremento del poder de los propietarios de medios”.

Cuando, en 2005, el gobierno conservador de Costas Caramanlis trató de regular parte del problema del conflicto de intereses de los barones prohibiendo que los empresarios con acciones en el sector de la construcción (a través de sus empresas o de las de sus familiares hasta tercer grado) pudiesen ser propietarios de medios de comunicación se encontró, sin embargo, con un obstáculo inesperado: la Comisión Europea, para la que esta normativa violaba la libertad de empresa, por lo que obligó a Atenas a suavizarla. Claro que, por otro lado, el principal perjudicado por la ley del gobierno conservador era el conglomerado de los Bobolas, propietario del diarios de centro-izquierda Ethnos, que estuvo a punto de verse obligado a vender su imperio mediático al matrimonio Angelopoulos, más cercanos a Caramanlis.

Crisis de calidad y crisis económica

“Las buenas relaciones de los medios (con el poder político) les han reportado beneficios. La publicidad estatal y las diferentes ventajas financieras han fortalecido esta relación. El negocio mediático en Grecia ha crecido en este ambiente protegido, como muchas otras profesiones en el país”, critica Demetris Kamaras, editor de DailyGreece.net: “Sin embargo, esto significa que carece del bagaje intelectual necesario para proteger su propia existencia. Así que, cuando ha llegado la crisis, ha provocado una deconstrucción del panorama mediático”.

Dentro de Grecia, no son pocos lo que critican la calidad del periodismo, especialmente en televisión. Aunque los formatos de debate (con las habituales pantallas partidas, marca de la casa de las televisiones griega) han proliferado en los últimos años, no son siempre de buena calidad, y los programas informativos están habitualmente marcados por un estilo sensacionalista. Tal y como critica el observador Philip Ammerman en su agudo blog, muchos periodistas griegos que informan sobre la crisis económica simplemente reproducen lo dicho por las autoridades en las ruedas de prensa y, en caso de elaborar algún análisis, tienden a enarbolar discursos jingoístas poco profundos que se limitan a culpar de todo a los “enemigos externos” (Grecia ha sido y es un país muy nacionalista). Es otra de las herencias de la diaplokí: muchos periodistas son elegidos para sus puestos por razones que escapan a la profesionalidad, “incluso por su atracción física o sus conexiones personales”, se lamenta Ammerman.

De ahí que algunas de las víctimas de ataques en las constantes manifestaciones que vive el país heleno sean los propios periodistas: “En los 80, la ira de la gente se dirigía hacia la policía, ahora la gente ataca a los equipos de televisión y a los periodistas, porque cree que representan al mismo orden. La gente cree que los medios son hipócritas porque a la vez que defienden los planes de reformas del sistema político, son incapaces de reformarse a sí mismos”, opina Thomas Siomos, periodista del canal público ERT3 y doctorando en Ciencia Política por la Universidad Aristóteles de Salónica.

Otro efecto de la crisis, como en el resto de Europa, ha sido el cierre de diarios y la pérdida de puestos de trabajo. Ahogados por las deudas, el diario derechista Apogevmatini se ha visto abocado al cierre, así como el prestigioso rotativo de centro-izquierda To Vima (Grupo Lambrakis) hubo de dejar de imprimirse y ahora trabaja sólo on-line. El centro-derechista Eleftheros Typos, propiedad de los Angelopoulos, fue cerrado durante varios meses hasta que reapareció con nuevos dueños y un 30 % menos de plantilla y el centro-izquierdista Eleftherotypia (Tegopoulos Editions) también sufre problemas de deudas. En cuanto a la televisión, Alter TV, el quinto canal privado de mayor audiencia, se ha  declarado en bancarrota y sus periodistas no cobran desde hace meses.

Un editorial del conservador Kathimerini el pasado marzo alegaba que estas desapariciones no eran sólo previsibles, sino incluso deseables: “Simplemente: hay demasiados periódicos, emisoras de radio y cadenas de televisión luchando por una audiencia relativamente pequeña. (…) Además, muchas de estas compañías mediáticas han conseguido sobrevivir gracias a un apoyo menos que transparente del Estado. El sector necesita una reforma. Pero también necesita apoyo institucional, especialmente para los desempleados. Al mismo tiempo, hay que aclarar que las empresas de información no disfrutarán de un trato especial frente a las otras miles de empresas privadas a las que la crisis ha empujado al borde del desastre”.

Según denuncian los sindicatos griegos, unos 900 periodistas, de un total de 7.000, han perdido su trabajo y el resto han sufrido reducciones de hasta un tercio de su sueldo. Pero los sindicatos griegos no son precisamente de esos que se quedan con los brazos cruzados: durante los últimos dos años, decenas de huelgas por sus derechos o en solidaridad con los periodistas despedidos en otros medios han sumido literalmente a Grecia en continuos apagones informativos. Aún así, los periodistas “tienen miedo, miedo de perder sus trabajos”, explica Siomos: “Y eso se refleja en la calidad de la prensa”.

Así las cosas, la pluralidad –si bien imperfecta- de la que aquella mañana de mayo se beneficiaban los albaneses de los que hablábamos al principio a la hora de informarse sobre la crisis, está en peligro. Si la primera víctima mediática de las guerras es la verdad, la de las crisis económicas es la calidad informativa. La crisis provoca cierres de periódicos, despidos, fusiones, cambios en la estructura editorial… Los periodistas –razonablemente temerosos de perder sus puestos de trabajo-, se vuelven más dóciles, plegándose con mayor facilidad a las exigencias empresariales y políticas, por encima de sus compromisos con la audiencia.

Si es verdad que la democracia nació en Atenas, ahora que buena parte de su política se decide fuera del alcance de sus ciudadanos –en los acristaladas pasillos de Bruselas y el FMI- es más necesario que nunca, que, para preservar la democracia en su simbólica cuna, la pluralidad mediática de la que goza el ágora griega siga perviviendo.

Artículo publicado en la revista Capçalera del Col·legi de Periodistes de Catalunya en octubre de 2011

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4 respuestas a Medios de comunicación

  1. Anónimo dijo:

    ES UN ASCO ESTO.COM

  2. Anónimo dijo:

    PIENSO LO MISMO

  3. Anónimo dijo:

    ¿Que respuesta les da el gobierno a los habitantes frente a tanta represión?¿Cómo la justifican?

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