¡Vaya semanita! El nuevo gobierno de Samarás empieza su andadura con mal de ojo

El mal de ojo ha sido temido por generaciones y generaciones de habitantes del Mediterráneo y más allá. De ahí que en muchos de los países situados entre las orillas orientales del mare nostrum y Asia Central existan esos bellos amuletos azulados que protegen contra el nazarun recuerdo que muchos turistas se llevan a sus casas, también desde Grecia. Y ahora que el turismo en el país de los helenos desciende vertiginosamente no se explica cómo el nuevo gobierno griego no ha logrado hacerse con alguno. Quizás es que el  nuevo primer ministro conservador, Antonis Samarás, estaba muy ocupado cerrando su coalición. Sus primera semana de gobierno ha encadenado una surrealista serie de desafortunados incidentes y ridículos inexplicables.

Domingo, 17 de junio: El partido conservador Nueva Democracia (ND), liderado por Samarás, se proclama vencedor de las elecciones legislativas griegas sin mayoría absoluta pero con un 29,7 % de los votos frente al 26,9 % de la ahora principal fuerza opositora, la izquierdista Syriza. Estas elecciones habían sido convocadas después de que las del 6 de mayo provocasen una caída sin precedentes en el apoyo a los partidos tradicionales griegos (ND y el socialdemócrata Pasok) y diesen como resultado un parlamento tremendamente fragmentado entre cuyos partidos no se logró formar gobierno. A su vez, estas elecciones anticipadas del 6 de mayo habían sido una exigencia de Samarás (que se sentía seguro de ganarlas después de dos desastrosos años de gobierno del Pasok) cuando entró a formar parte del gobierno de coalición dirigido por el exbanquero Lukás Papadimos tras la rebelión interna del Pasok, liderada por la facción Venizelos, y las presiones de la UE que hicieron caer al gobierno Papandreu.

Miércoles, 20 de junio: Samarás logra un acuerdo de coalición con los socialdemócratas del Pasok y los centroizquierdistas de Dimar, curiosamente la misma coalición que, numéricamente, podría haber gobernado tras las elecciones del 6 de mayo. Samarás jura su cargo como nuevo primer ministro ante el saludo benevolente de unas bolsas en alza.

Jueves, 21 de junio: Juran sus cargos los demás ministros del gobierno, una colección de políticos conservadores y tecnócratas (ya que ni Pasok ni Dimar quieren entrar al gobierno para no sufrir el desgaste del día a día). Sin embargo, el designado como ministro de Finanzas, el banquero Vassilios Rápanos, no jura su cargo porque, entretanto, el ministro interino de Finanzas, Yorgos Zaniás, se halla en Luxemburgo en la reunión del Eurogrupo y de hacerlo, despojaría a Zaniás de su calidad de ministro.

Viernes, 22 de junio: Samarás pasa una revisión ocular y el oculista le detecta un desprendimiento de retina. Mientras tanto, a Rápanos le agarran unos dolores de estómago terribles, se desvanece en su despacho del Banco Nacional de Grecia y lo ingresan en el hospital.

Sábado, 23 de junio: Samarás entra también al hospital para ser operado y Rápanos continúa ingresado. A menos de una semana para la nuevamente “crucial” cumbre de la Unión Europea (28 y 29 de junio) en la que nuevamente se decidirá el futuro del euro, del Planeta Tierra y de parte de la Vía Láctea, las dos personas claves del nuevo gobierno griego andan entre gasas y vendas o sujentándose los intestinos.

Domingo, 24 de junio: Los doctores de Samarás anuncian que el nuevo primer ministro de Grecia no podrá asistir a la cumbre europea; Rápanos tampoco podrá ir porque no podrá jurar su cargo ya que para ello necesita estar presente Samarás, que necesita de la penumbra para recuperar la visión de su ojo derecho, y ya se sabe que en el palacio presidencial donde se lleva a cabo el juramento todo son luces, porque si no las imágenes salen con mucho grano y los capitostes de la Iglesia Ortodoxa, que también deben estar presentes, no ven bien la letra de los salmos, pues todos han superado la edad de la presbicia.

Así pues, se decide que la delegación griega a la supercumbre esté liderada por el ministro de Exteriores, Dimitris Avramópulos, que este sí juró antes de que las diez plagas se abatiesen sobre el nuevo gobierno.

Lunes, 25 de junio: Los servicios jurídicos de la Unión Europea le hacen notar al gobierno de Samarás un pequeño detalle: la supercumbre es de “Jefes de Estado y de Gobierno” y allá hasta donde nuestra humana mente nos permite saber, un ministro de Exteriores no es ni lo uno ni lo otro, así que vayan cambiando de líder de delegación. Se decide, por tanto, que quien dirija la delegación sea el octogenario presidente de la República, Karolos Papulias (que vaya mesecito lleva el pobre, para ser sólo un cargo protocolario, si lo llega a saber no renuncia al sueldo como hizo, supongo). Pero a estas alturas ya todos reconocen que con una delegación compuesta por un cargo protocolario, un ministro interino (el de Finanzas) y sólo dos ministros de los buenos nada se va a decidir sobre Grecia en la importante supercumbre.

Ese mismo día sale del hospital, con el ojo vendado, el primer ministro Samarás para dirigir el país desde una habitación de su casa en penumbra, no se le vaya a fastidiar la retina. Ya en su casa, Samarás recibe una carta de Rápanos diciendo diciendo que su problema con el ácido péptico le impide ser ministro (los medios griegos dicen que en realidad sus problemas gástricos fueron una excusa -un poco retorcida hay que decirlo- para rechazar el puesto después de que Samarás no incluyese en su equipo a los tecnócratas que le había prometido y pusiese en cambio a militantes de ND). Un problema más para el gobierno Samarás: no sólo no tiene ministro de Finanzas sino que se queda sin candidato.

Martes, 26 de junio: Samarás pacta con sus socios de coalición que el nuevo ministro de Finanzas, que tampoco podrá jurar hasta que regrese la delegación de la supercumbre europea y Samarás pueda ver la luz, sea el economista Yannis Sturnaras, precisamente uno de los tecnócratas que Rápanos había exigido tener a su cargo. ¿Problemas resueltos? No…

En un comunicado enviado a la vez a la prensa y al gobierno, Syriza hace notar al gobierno de Samarás que ha elegido a un viceministro, el armador Yorgos Vernicos, que posee una compañía sita en un paraíso fiscal, las islas Marshall, y, según la ley griega, ningún miembro del gobierno o el parlamento puede tener empresas offshore y ejercer su cargo público al mismo tiempo. Syriza dice que “no tiene nada personal” contra Vernicos, que luchó contra la dictadura de los Coronoles, pero que, oiga, o estamos a misa o a repicar, que en estos tiempos que corren hay que dar ejemplo en un país ya demasiado famoso por su evasión fiscal. Vernicos presenta su dimisión, aceptada por Samarás, que dejará su puesto vacante, y se excusa diciendo: “Nadie me avisó de la incompatibilidad”. Con el calor que hace, los servicios jurídicos del nuevo gobierno deben andar aplatanados porque se les pasó lo de la UE, lo de Vernicos y quien sabe aún qué más. Tampoco debieron avisar a Vernicos sus amigos de Facebook, ya que antes de aceptar su cargo ministerial preguntó a través de la red social si debía entrar o no en el gobierno.

Eso sí, en su despedida, Vernicos se queja profusamente de que con esa ley de incompatibilidades ningún armador podrá formar parte del gobierno porque todos tienen compañías en paraísos fiscales. Vaya por dios.

Primera foto: Samarás tras recibir el alta médica. Segunda foto: Samarás tras recibir las noticias de las dimisiones en su gabinete

About these ads
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s