HACIA LAS ELECCIONES GRIEGAS Los hombres de la austeridad

Andrés Mourenza (texto y foto)

A principios de mes, el ministro interino de Finanzas griego, Yorgos Zannias, hubo de pedir permiso al representante del Fondo Monetario Internacional (FMI) en Grecia, Bob Traa, para dar una inyección de liquidez a la compañía de gas griega, que no dispone de dinero para pagar a sus proveedores extranjeros. Esta información, filtrada al diario Kathimerini, da una idea de hasta dónde llega la capacidad de actuación del gobierno heleno y hasta dónde la influencia de los organismos internacionales en Grecia, a los que algunos analistas locales acusan de haber establecido una “administración colonial”.

Desde que en 2010 se firmó el primer plan de rescate entre el gobierno griego, la Unión Europea (UE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) numerosos funcionarios internacionales han desembarcado en Atenas con el objetivo de vigilar el avance de las reformas exigidas a cambio de los préstamos y que son, principalmente, reducir el déficit, llevar a cabo reformas estructurales, privatizar numerosas empresas y propiedades públicas y sanear el sistema bancario.

En primer lugar llegó la troika, formada por delegaciones de la Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo y el FMI, que realizan visitas periódicas a Grecia y envía a equipos técnicos a los ministerios. Una de las tres patas de la troika, la de la CE, debería instalarse de forma permanente en Atenas en los próximos meses a través de un equipo de la Dirección General de Asuntos Económicos y Financieros (ECFIN).

El pasado año, se trasladó a Grecia también la llamada Task Force cuyo trabajo se centra  ayudar a plasmar en la práctica las reformas exigidas por la troika y en mejorar la absorción de los fondos estructurales y de cohesión de la UE para el país mediterráneo. Los miembros de la Task Force, que posee unos 15 miembros en Atenas –dos de ellos trabajan directamente en el Ministerio de Finanzas griego- y otros 30 en Bruselas, saben en su mayoría griego, a diferencia de los representantes de la troika. Además, están los representantes permanentes de la CE, con unas 20 personas, y el FMI en Grecia. “Se trata de programas de ayuda pedidos por el propio gobierno griego y cuyas recomendaciones puede aceptar o no”, subraya Carlos Martín, portavoz de la CE en Atenas.

La fama del Fondo Monetario

“El error fue dejar entrar al FMI”, explica un alto cargo de un banco heleno que, a pesar de estar a favor de las reformas estructurales y de muchas medidas de austeridad, recuerda que el Fondo “tiene su propia agenda”.  De hecho, a los representantes del FMI en Grecia su fama les precede. Poul Thomsen, subdirector del FMI para Europa es quien dirige las misiones de la troika en Grecia (aunque según gente de su entorno pretende dejar el puesto porque se ha hartado de los griegos y no es el primer alto funcionario internacional que lo hace). Desde que en 1987 llegó a la entonces Yugoslavia, Thomsen ha trabajado en la transición de diversos países excomunista de Europa Oriental al capitalismo aplicando las célebres terapias de choque: recorte de gasto social, bajada de salarios, flotación de precios, liberalización de sectores y privatización de empresas públicas. De hecho llegó a Rusia en pleno 1998, cuando las políticas del FMI aplicadas por el gobierno de Boris Yeltsin acabaron en una monumental crisis financiera que implicó la suspensión de pagos de la deuda.

Por su parte Bob Traa, representante permanente del FMI en Atenas, hizo su carrera en América Latina, la otra zona del mundo donde tradicionalmente el fondo ha aplicado las enseñanzas de los economistas neoliberales Friedrich Von Hayek y Milton Friedman. Uno de sus destinos fue precisamente Ecuador, donde las políticas de austeridad y endeudamiento externo sufrieron un duro revés tras el triunfo electoral del economista Rafael Correa, quien expulsó al representante del Banco Mundial y rompió relaciones con la delegación del FMI.

La nueva terapia de choque en los países de la Eurozona se llama “devaluación interna”, es decir, reducir los salarios, esperando que eso conlleve una bajada de precios, además de un aumento de la productividad. Pero las medidas no están funcionando tal y como se esperaba según reconocía la troika en un informe “estrictamente confidencial” al que tuvo acceso este periodista: “El crecimiento y la política de ajuste fiscal asumidos por este programa tiene precedentes en otros países, pero la experiencia hasta la fecha sugiere que Grecia no será capaz de establecer un nuevo precedente y realizar al mismo tiempo y desde condiciones iniciales muy débiles una gran devaluación interna, un ajuste fiscal y el programa de privatizaciones”. El economista y candidato de la pequeña formación centroizquierdista Dimar, Manos Matsaganis, considera que la estrategia de la devaluación interna tiene su lógica: “Yo la aceptaría si estuviese dando los resultados esperados, pero el hecho es que en Grecia no está funcionando”.

Vidas de lujo

Para una representante diplomática un estado sureuropeo los problemas son también de formas: “Muchos griegos reconocen que tienen que reformar su sistema, pero las formas de los diplomáticos de ciertos países del norte, que llegan a ser crueles, no ayudan”. Peor imagen aún ha dado a estas instituciones conocer cómo viven sus nuevos gestores: de acuerdo al canal griego Mega, el ya defenestrado exdirector del FMI Dominique Strauss-Kahn montó en cólera cuando descubrió que su hombre en Atenas gastaba 9.100 euros mensuales en alquilar una casa en una lujosa calle del centro de Atenas o que Poul Thomsen cobra 185.000 dólares anuales mientras ordena reducir los salarios mínimos de los griegos. El FMI justifica estos altos salarios –que en 2011 fueron aumentados casi un 5 %- en que “deben ser competitivos en el mercado para obtener de sus competidores los funcionarios con mayores méritos”. El problema es que para financiar estas subidas y los programas de ayuda a la propia Grecia se le aumento su cuota de contribución al FMI.

No menos polémicas fueron las recientes declaraciones de la actual directora de este organismo internacional, Christine Lagarde, criticando a los griegos por no pagar impuestos, sobre todo si se tiene en cuenta que todos los miembros no estadounidenses del Fondo, como ella misma, cobran su salario libre de impuestos.

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