HACIA LAS ELECCIONES GRIEGAS: La crisis deteriora la salud mental de los griegos

Andrés Mourenza (texto / foto)

Era un poco antes de las siete de la mañana del martes en Kifissia, un barrio de clase alta de Atenas, cuando los vecinos escucharon el sonido inconfundible de un disparo. Quienes se acercaron a ver qué había ocurrido encontraron a un anciano de 75 años en medio de un charco de sangre. El jubilado, un militar retirado, acababa de suicidarse con su escopeta de caza dejando tras de sí a una mujer, dos hijos, un montón de deudas y una nota a su esposa sobre qué hacer con los ahorros que le quedaban.

Ese mismo día un agricultor de Creta se quitó la vida ingiriendo una gran cantidad de pesticida y en la mañana del miércoles un taxista en paro de 36 años saltó desde el balcón de casa de sus padres, donde vivía. Tres suicidios por tanto en un plazo de menos de 24 horas, algo que se ha convertido ya casi en habitual en la Grecia de la crisis.

“No hablamos de un problema que afecte a poca gente, estamos ante un problema de salud pública”, considera el psicólogo Aris Violatzis, de la oenegé griega Klimaka. Según los datos del Ministerio de Protección Ciudadana, entre inicio de 2009 y finales de 2011 se produjeron 1.727 sucidios o intentos de suicidio, algo antes impensable en un país que contaba con la ratio más baja de toda Europa: 2,8 suicidios por cada 100.000 habitantes. “Sabemos que se ha producido un gran incremento en el número de suicidios pero no conocemos con exactitud la cifra porque estamos seguros de que un gran número de ellos no son declarados como tales porque la gente que se suicida no sólo estigmatiza a sus familiares sino que la Iglesia se niega a darle un funeral”, explica Violatzis: “En este país es aún un tabú. Mucha gente no puede siquiera escuchar la palabra suicidio”.

Grecia es un país confesional de facto en el que la Iglesia Ortodoxa posee un gran poder de influencia. “La mayor ayuda que puede dar la Iglesia es ofrecer fe y esperanza para que una persona no llegue a ese hecho, a esa situación”, afirma el padre Zomás Sinodinos, alto jerarca del Arzobispado de Atenas, sin atreverse a mencionar del todo la palabra maldita: “Es cierto que, por desgracia, en el pasado la Iglesia tenía una posición muy inflexible y no celebraba los funerales de estas personas pero ahora tenemos un punto de vista más filantrópico y realizamos los servicios, porque entendemos bien que si una persona llega a matarse a sí misma, significa que su punto de vista lógico no funciona bien y es por culpa de esta situación social que vivimos”.

En Klimaka, que desde 2007 dispone una línea de prevención de suicidios y trata de llevar la ayuda psicológica incluso a las zonas más remotas del país a través de teleconferencias, las consultas se han multiplicado por diez en los últimos meses. “Tratamos de hacer que el individuo sepa y experimente que no está sólo. Que hay gente que quiere ayudarle y de que se puede salir de la situación en la que está. Nos aseguramos de que se sigue el problema hasta que la persona no corre peligro, porque nuestro argumen es el que el 95 % de los sucidios pueden ser evitados si las personas reciben una atención correcta”, explica Violatzis.

Los expertos en Salud concuerdan en que, a pesar de que en el suicidio intervienen factores diversos (sociales, psíquicos e incluso genéticos), las crisis económicas tienen un efecto directo en el empeoramiento de las condiciones tantos psicológicas como fisiológicas de las personas y de que, en estas situaciones, aumentan desde los trastornos mentales hasta los ataques al corazón. “La actual sociedad griega no es una sociedad en la que la gente se desarrolle y disfrute de la vida. Para un buen número de personas lo máximo a lo que pueden aspirar es a la supervivencia. Y nadie puede sentirse bien en un ambiente en el que todos los demás se sienten mal”, afirma Violatzis: “Necesitamos una estrategia de prevención a nivel nacional”.

La ministra interina de Educación, Angelikí Kiau, incluso ha propuesto que todas las escuelas del país cuenten con psicólogo propio -a pesar de que los recortes en su presupuesto lo hacen muy difícil- especialmente después de la conmoción causada por el reciente suicidio de un joven ateniense de 18 años.

La Iglesia por su parte trata de reforzar los lazos de solidaridad a nivel del barrio. “Los curas de las parroquias conocen a todos los vecinos. Saben quiénes tienen dinero y quiénes no y acuden a los primeros para que ayuden a los más pobres. El objetivo es mostrarles que no están sólos”, explica Vasilios Javatzas, del Fondo de Caridad del Arzobispado: “Cada vez acude más gente a las iglesias, no sólo por la ayuda, sino porque para ellos es el único lugar donde encontrar esperanza”.

Versión ampliada de un artículo aparecido en El Periódico de Catalunya

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